Fue el escritor y poeta Fernando Pessoa quien popularizó, más allá de las fronteras de su patria portuguesa, la expresión saudade. El término, con los inevitables matices inherentes a una lengua, describe una mezcla de añoranza y melancolía por algo que se ha perdido o, en el peor de los casos, que jamás se tuvo. Es lo que en español o inglés se conoce como nostalgia. Sin embargo, esta expresión tiene también una vertiente técnica más allá del acervo popular.
Cuando en 1688 el doctor Johannes Hofer advirtió la tristeza que sufrían los mercenarios suizos que se encontraban durante largas temporadas fuera de su patria buscó una nueva palabra para describirla. Así nació la palabra nostalgia como un término médico con una doble raíz (nóstos – retorno, y álgos, dolor). En la nostalgia siempre hay un punto de dolor. Un dolor al invocar un pasado que se ha “irrecuperablemente marchado”.
¿Qué voy a leer en este artículo?
Podemos sentir nostalgia por muchas cosas, entre ellas por nuestra infancia, por aquel lugar de veraneo, por nuestros primeros amores. También por las tardes con nuestra abuela, por una comida que ya no comeremos y por una época que ya no existe. Tal como indica el profesor Yiannis Gabriel, la nostalgia es una resurrección del pasado, y “nos permite acercarnos a ese pasado de manera radiante”, quizás más radiante de lo que fue.
La nostalgia ha recibido mucha atención y ha sido motivo de inspiración para muchas de las grandes artes. Por ejemplo, Frédéric Chopin en la música, o las pinturas de Edward Hopper nos pueden llevar rápidamente al pasado. También películas y series ambientadas en los años 80, como Stranger Things, evocan sentimientos de nostalgia. Pero esos no son los únicos ámbitos en los que se da.
¿Podemos sentir nostalgia por nuestras organizaciones? ¿Por nuestros trabajos? Todo apunta a que sí y que además la nostalgia organizativa puede ser positiva.
Yiannis Gabriel, profesor de la Universidad de Bath, dio el pistoletazo de salida al concepto de nostalgia organizativa a partir de un primer capítulo publicado en el año 1993, donde, a partir de la investigación realizada en cinco organizaciones, con 126 entrevistas, defendía que, en las organizaciones, los empleados pueden sentir nostalgia por los edificios, por otras personas que ya no están, por un ethos que ya no existe, por una manera de hacer anterior y también nostalgia por unos éxitos pasados.
En definitiva, las organizaciones también evocan sentimientos nostálgicos. Más concretamente, se ha definido la nostalgia organizativa como un sentimiento de añoranza afectuosa y melancólica hacia acontecimientos del pasado y aspectos de la propia vida dentro de la organización. No es un fenómeno marginal.
La nostalgia organizativa es un sentimiento de añoranza afectuosa y melancólica hacia acontecimientos del pasado y aspectos de la propia vida dentro de la organización.
A partir del camino iniciado por Gabriel, otros investigadores han seguido investigando las implicaciones de la nostalgia organizativa para las propias organizaciones. Es el caso de un reciente estudio publicado en el Journal of Vocational Behavior, cuyos autores han querido comprender si existe una relación entre la consecución de objetivos y la nostalgia organizativa.
Antes de entrar en materia, es importante señalar que en la literatura académica hay una nueva tendencia a reconocer que en la organización existen objetivos que los propios empleados se fijan (objetivos personales de trabajo) y los establecidos por la propia organización (objetivos profesionales de trabajo).
Los autores de un reciente estudio han querido comprender si existe una relación entre la consecución de objetivos y la nostalgia organizativa.
Todo apunta a que los objetivos autoimpuestos por los propios empleados cuentan más de lo que parece, y que el hecho de que los empleados los cumplan está ligado a una mayor productividad y bienestar. Estos objetivos personales de trabajo son a menudo más ambiciosos que los propios fijados por las organizaciones, tienen más significado personal y definen mejor el yo, por lo que las organizaciones no deberían perderlos de vista.
Tal como señalábamos al comienzo, la nostalgia dista de ser una emoción puramente negativa. Así, el estudio liderado por Marius van Dijke (Rotterdam School of Management, Erasmus University) propone que la nostalgia organizativa puede facilitar la priorización y el esfuerzo dedicado a los objetivos personales de trabajo y, para ello, realizó tres estudios empíricos relacionados entre sí.
El primer estudio contó con una muestra de 245 personas que participaron en dos momentos distintos donde se les pidió en un primer momento que indicaran tres objetivos personales y tres objetivos organizativos, así como otras medidas de nostalgia organizativa y datos demográficos.
Los resultados revelaban que las personas con más nostalgia organizativa tendían a priorizar los objetivos personales de trabajo más importantes.
Tres semanas más tarde se les pidió que indicaran cómo habían intentado alcanzar esos tres objetivos personales y organizativos, y que los ordenaran de mayor a menor importancia. Los resultados revelaban que las personas con más nostalgia organizativa tendían a priorizar los objetivos personales de trabajo más importantes por encima de los menos importantes. Este patrón no se observaba en aquellas personas con niveles más bajos de nostalgia organizativa; es decir, quienes no experimentaban con tanta intensidad este sentimiento nostálgico no se centraban con tanta intensidad en su objetivo personal de trabajo más importante, algo que, como hemos visto, resulta importante también para la propia organización.
Esto no quiere decir que la persona nostálgica priorice mejor sus objetivos per se, sino que los recuerdos positivos vinculados a la organización, y a las relaciones que se han construido en ella, son un motor para priorizar mejor los objetivos propuestos.
Los autores realizaron un segundo estudio experimental para entender mejor si la nostalgia causa una mejor priorización de los objetivos laborales personales más importantes. Aquí se pidió a los participantes que indicaran tres objetivos laborales, los ordenaran por importancia y después los clasificaran como personales, organizativos o participativos (compartidos entre el trabajador y la organización).
Este análisis se realizó con 291 participantes, a los que se asignó una condición experimental o de control de forma aleatoria. En la condición experimental se evocaba un recuerdo nostálgico de la organización. Los resultados también confirmaron que la nostalgia organizativa aumenta la priorización de los objetivos laborales personales más importantes, pero no la de los objetivos organizativos ni la de los participativos.
En un tercer estudio publicado en el mismo artículo, durante dos semanas seguidas (10 días laborales), los participantes informaron diariamente sobre la nostalgia organizativa y su progreso hacia los objetivos. Durante los 10 días participaron 222 personas. También indicaron, en un primer momento, sus tres objetivos personales de trabajo y sus tres objetivos organizativos de trabajo, los ordenaron por importancia y facilitaron más datos demográficos.
La nostalgia organizativa no invita a vivir del pasado, sino a utilizar los mejores recuerdos como impulso para afrontar nuevos retos y seguir creciendo.
Al final de cada jornada, se les preguntaba por uno de los tres objetivos (uno personal y uno organizativo) y por el esfuerzo realizado. Los resultados del tercer estudio indican que los participantes con más nostalgia organizativa dedicaban también más esfuerzo a sus objetivos personales más importantes, pero no necesariamente a los organizativos.
Los estudios realizados acerca de la nostalgia organizativa arrojan algunas implicaciones significativas que varían entre las personas y las organizaciones.
Para las personas
- Los recuerdos positivos pueden ayudarnos a reencontrar el sentido del trabajo. Recordar proyectos ilusionantes, compañeros que nos marcaron o momentos de éxito compartido puede servir para recuperar la motivación y volver a conectar con aquello que da significado a nuestro trabajo.
- Las relaciones dejan huella en nuestra trayectoria profesional. Buena parte de los recuerdos que evocan nostalgia están vinculados a personas con las que hemos trabajado. Cuidar las relaciones laborales no solo mejora el presente, sino que también construye una memoria positiva que puede seguir inspirándonos años después.
- Mirar al pasado también puede ser una forma de preparar el futuro. Recordar experiencias positivas no implica resistirse al cambio. En muchas ocasiones, recuperar aquello que nos motivó en el pasado puede ayudarnos a afrontar con más confianza los retos del futuro.
Para las organizaciones
- Las organizaciones también construyen recuerdos. Más allá de los resultados o los indicadores, las empresas generan experiencias compartidas que permanecen en la memoria de las personas y que pueden seguir influyendo en su compromiso mucho tiempo después.
- Celebrar los logros colectivos tiene efectos que van más allá del momento. Reconocer los éxitos, compartir historias de superación o poner en valor proyectos emblemáticos contribuye a construir una memoria organizativa positiva que puede convertirse en una fuente de motivación futura.
- Los procesos de cambio no deberían romper con todo el pasado. En fusiones, transformaciones o reestructuraciones, preservar algunos símbolos, valores o relatos compartidos puede ayudar a mantener el sentido de continuidad y facilitar la adaptación de los equipos.
- Los líderes son también guardianes de la memoria organizativa. Recordar de dónde viene un equipo, reconocer a quienes contribuyeron a construirlo y transmitir las historias que reflejan la identidad de la organización fortalece el sentimiento de pertenencia.
- Las organizaciones que cuidan su historia ayudan a las personas a construir su futuro. La nostalgia organizativa no invita a vivir del pasado, sino a utilizar los mejores recuerdos como impulso para afrontar nuevos retos y seguir creciendo.
A modo de conclusión, cabe afirmar que la nostalgia organizativa no consiste en vivir anclados en el pasado ni en idealizar tiempos mejores. Los resultados sugieren que los recuerdos positivos asociados a una organización pueden convertirse en un recurso que ayuda a las personas a orientar mejor sus esfuerzos hacia aquello que consideran más importante.
Fuentes:
- Gabriel, Y. (1993) Organizational Nostalgia: Reflections on “The Golden Age”. In: Fineman, S., Ed., Emotion in Organizations, Sage, London, 118-141.
- Leunissen, J. M., Sedikides, C., Wildschut, T., & Cohen, T. R. (2018). Organizational nostalgia lowers turnover intentions by increasing work meaning: The moderating role of burnout. Journal of occupational health psychology, 23(1), 44.
El Dr. Marc Grau-Grau es profesor de políticas sociales y familiares en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UIC Barcelona, y coordinador de la Cátedra Joaquim Molins Figueras Childcare and Family Policies. Ha sido research fellow en la Harvard Kennedy School (2016-2022). Es licenciado en Administración de Empresas por ESADE Business School, máster en Ciencias Políticas y Sociales por la Universitat Pompeu Fabra, y doctor en Políticas Sociales por la Universidad de Edimburgo. Entre sus libros editados destacan The Work-Family Balance in Light of Globalization and Technology (Cambridge Scholars Publishing, 2017), The New Ideal Worker (Springer, 2019), Engaged Fatherhood (Springer, 2022) y Human Flourishing (Springer, 2023). Actualmente, es co-editor de la revista Community, Work and Family.