El desarrollo profesional y la vida personal siempre han parecido destinados a enfrentarse, sobre todo si nos empeñamos en separar los dos mundos con un muro, una medida destinada al fracaso. Reflexionamos sobre el concepto de Work Life Balance.

El desarrollo profesional y la vida personal siempre han parecido destinados a enfrentarse. Alcanzar el equilibrio necesario para gestionar ambos se complica a medida que se escalan posiciones en una empresa y se asumen más responsabilidades.

Esa dificultad, de acuerdo con Stewart D. Friedman, psicólogo en la Wharton School y coautor de Parents Who Lead, aparece porque nos empeñamos en separar los dos mundos con un muro que impide que lo personal se mezcle con el trabajo y viceversa. Una medida destinada al fracaso. Las necesidades personales se presentan sin tener en cuenta el horario de entrada y de salida de la oficina y las nuevas tecnologías nos mantienen constantemente conectados al trabajo.

Pero más que como un obstáculo, Friedman presenta esta situación como una oportunidad: ¿y si en vez de tratar de hacer cada vez más robusto el muro que separa la vida dentro y fuera del trabajo nos esforzamos por comprender cómo ambas partes pueden beneficiarse mutuamente?

Cómo cuidar la vida personal para favorecer al desarrollo profesional

Dedicarnos por completo al trabajo no es bueno ni siquiera para nuestra productividad laboral. Janna Koretz, psicóloga y fundadora de Azimuth, una consultora centrada en los desafíos de carreras profesionales de alta presión, afirma que sus clientes terminan por sentirse insatisfechos, abrumados o estancados porque creen que están abandonando otros aspectos importantes de sus vidas.

Hay sectores con una cultura laboral muy exigente en los que el desarrollo profesional (conseguir un ascenso, un aumento o más prestigio) está ligado a trabajar más horas. Janna Koretz asegura que cuando la mayor parte del día a día se limita a una intensa actividad laboral, el trabajo tiende a convertirse en una pieza esencial de la identidad de esa persona, aunque solo sea porque ha dejado de lado otras actividades y relaciones con las que podría identificarse de forma más íntima. Es decir, abandona sus aficiones, amistades o a sí mismo por pasar más tiempo en la oficina, relacionándose exclusivamente con compañeros y hablando y pensando continuamente en temas que giran en torno a sus responsabilidades laborales.

¿Cómo podemos conseguir que el desarrollo profesional no sea un obstáculo para el desarrollo personal? De acuerdo con la psicóloga, unos cuantos cambios en la rutina laboral ayudarían a  transformar esta situación. El principal, como no podía ser de otra manera, tiene que ver con la gestión del tiempo. Es necesario saber delegar para poder tener momentos para uno mismo. Esto significa aprender a depender más de los compañeros o pedir ayuda cuando sea necesario.

Sin embargo, la vida profesional del empleado no solo depende de él mismo. La empresa y, de forma más directa, sus superiores están implicados en la cantidad de tiempo que el empleado invierte en su trabajo, así como en el uso que hace del mismo. Es necesario que la empresa tenga una papel activo a la hora de promover que sus trabajadores disfruten de una vida más plena y equilibrada.

Como ejemplo de las soluciones impulsadas por las organizaciones para apoyar a los empleados en la gestión del tiempo están las políticas de flexibilidad. El objetivo de estas medidas es ofrecer la autonomía suficiente para que cada uno pueda gestionar mejor sus cuestiones laborales, familiares y personales, confiando siempre en el buen criterio de cada persona.

Ser un líder en todos los ámbitos de la vida

Pero para que la vida laboral y personal se den la mano es necesario algo más que diversificar el tiempo y las actividades. Si queremos que se complementen, que nos hagan sentir más motivados y ser más eficientes, debemos conseguir que las decisiones que tomemos nos ayuden tanto en el desarrollo profesional como en el personal.  

Para encontrar el equilibrio es necesario hacerse con las riendas de la vida de unos mismo y conocerse: saber qué queremos, dónde y con quién queremos estar. Esto es lo que propone Friedman con su método Liderazgo total, que se basa en la premisa de dar a los problemas personales una solución estable y duradera, mejorando los beneficios empresariales.

Un ejemplo real del método Friedman es el caso de Kenneth Chen, un gerente cuyo objetivo profesional era convertirse en CEO mientras que en el ámbito personal aspiraba a involucrarse más con su vecindario y su familia tras haberse mudado recientemente de ciudad. Para promover todos estos objetivos decidió unirse a una junta comunitaria de su vecindario junto a su prometida, lo que no solo le permitiría perfeccionar sus habilidades de liderazgo (y seguir fomentando su desarrollo profesional) sino que también tendría beneficios en el ámbito familiar y para sí mismo, puesto que se involucraría en algo que realmente le motivaba.

Friedman aplicó su método de Liderazgo total con varios profesionales y los resultados fueron prometedores. La satisfacción y el desempeño de los participantes aumentó en todos los ámbitos, incluido en el laboral, donde los avances fueron del 20%. Paradójicamente, estos progresos se lograron incluso cuando los participantes dedicaron menos tiempo al trabajo y más a otros aspectos de sus vidas. Friedman explica que esto se debe a que trabajan de manera más inteligente, y a que están más centrados, apasionados y comprometidos con lo que hacen.

El desarrollo profesional y el personal siempre han parecido destinados a enfrentarse. Sin embargo, ambos mundos pueden ofrecernos mucho más si, en vez de preocuparnos por construir muros que los separen, nos esforzamos por tender puentes entre ellos.

FUENTES:  Harvard Business Review, HBR, Time

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