Hablar de filosofía corporativa es hablar de cambio, de inclusión y de equilibrio. ¿Qué deparará a la empresa del futuro con todos estos ingredientes?

Las empresas que se comportan como organismos vivos son aquellas que más prosperan. Su capacidad de innovación, de hacer del mundo un lugar mejor y de cuidar a sus empleados son algunas de las claves de su filosofía corporativa. Además, tienen a la retención del talento y a las políticas de equilibrio como el corazón de sus iniciativas de recursos humanos.

Estos son solo algunos apuntes sobre las nuevas corrientes corporativas que caracterizan a las empresas más innovadoras. En este artículo vamos a contarte un poco mejor qué filosofías corporativas están dando forma a la empresa del futuro.

La filosofía corporativa que entiende de reputación interna

Atendiendo a los postulados psicológicos de la “Teoría de la Mente”, los humanos somos los únicos seres vivos con la facultad de tener en cuenta las ideas o pensamientos de otros sujetos sin suponer que han de ser obligatoriamente como los de uno mismo. Si esto es así, está claro que las empresas deben humanizar su visión, su misión y sus valores. De este modo, podrán conocer mejor a los profesionales que la componen, a la vez que ellos sentirán que son parte esencial de la organización.

Y para que una empresa con esta vocación de poner a las personas en el centro funcione, todas sus partes deben tener un objetivo común. Esto no solo incluye el modelo de negocio, los valores de la organización o cómo son sus procesos, sino también las necesidades personales de sus empleados. ¿Esto es posible? ¿Pueden sentirlo así sus profesionales?

El “buycot”, la respuesta de las personas a la humanización

Veamos un caso que ocurrió en 2016. La marca de ropa Patagonia anunció que donaría todos los beneficios obtenidos en el Black Friday a causas medio ambientales. Sin bajadas de precio. Los clientes respondieron a esta iniciativa agotando casi todas sus existencias. Aparte de las valoraciones positivas que generó, sucedió el llamado “buycot” o “buycott”, en contraposición al clásico boicot.

El “buycot” es la compra de productos o la contratación de servicios que respetan una ética determinada. Con esta actitud, el consumidor trata de premiar a empresas que practican una producción más justa desde el punto de vista medio ambiental y humano.

El ejemplo anterior habla de ganarse el “buycot” externo. Pero el verdadero reto reside en trabajar el interno y llevar a cabo iniciativas que fidelicen a sus profesionales porque se sientan identificados con su objetivo más allá de lo financiero. Vemos a diario movimientos de profesionales que, insatisfechos por las condiciones de su actual puesto o de la filosofía interna de su empresa, abandonan por uno mejor. Un boicot silencioso, pero que refleja un “tú ya no me aportas” o un “tú no me valoras”.

Aprender a negociar está en la filosofía corporativa

Según una encuesta del periódico The Guardian, un tercio de los jóvenes no quieren quedarse en un mismo puesto de trabajo más de dos años. Esos mismos jóvenes aseguran sentirse identificados con CEOs de compañías que quieren hacer de la empresa y del mundo un sitio mejor.

Si lo comparamos con cifras de Estados Unidos ofrecidas por la BBC, los resultados son muy similares. Solo aquellos cuya edad promedio es de 54 a 64 años llevan más de diez años en un puesto. Las nuevas generaciones piden un sistema que les garantice respuestas a sus motivaciones o necesidades, si no, prefieren buscar otro lugar para desempeñar su profesión.

Casualmente, algunas de las  empresas líderes en el mundo el año pasado según su valor de marca para las personas también figuran entre los mejores lugares para trabajar, demostrando que tener conciencia le importa tanto a los consumidores o los stakeholders de una compañía, como a los profesionales que la integran.

Y es que los trabajadores cada vez le dan más relevancia a estas dos esferas: la de su vida en el mundo y la de su vida en la empresa. Aquí nace la importancia de que la empresa se preocupe por conocer ambos márgenes, y sepa comunicarse no solo con su empleado, sino también con la persona que lo constituye.

Fuentes: El País, The New York Times, PsicologíaYMente, Harvard Deusto

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