¿Qué habilidades de un profesional pueden ayudarte a encontrar el equilibrio entre vida y trabajo? En este artículo analizamos la idea de excelencia y cómo podemos alcanzarla sin renunciar a la conciliación.

Uno de los atributos más pronunciados a la hora de hablar del profesional ideal es el de la excelencia. Pero, ¿qué habilidades de un profesional encajan mejor en la búsqueda de este santo grial?

Se podría pensar que la excelencia laboral está en la experiencia académica y laboral. Es decir, un camino que se estudia, se aprende, se domina y luego se aplica a la práctica. El otro enfoque es creer que la excelencia se basa en aptitudes más emocionales. En este caso, la razón adquiere un papel secundario mientras que las inquietudes humanas son las protagonistas. Ambas tendencias tienen demasiados puntos ciegos, dado que la virtud no suele basarse en extremos.

Rememoramos aquí la división clásica del cerebro en un lado racional y un lado creativo. Aunque esta teoría tiene sus lagunas, nos ayuda a entender que la cuestión siempre ha enfrentado estas dos naturalezas. Es el momento de reconciliarlas, de huir de una caricaturización de la sociedad que la divide o en incansables ratones de biblioteca o en imaginativos vividores ajenos a cualquier responsabilidad.

Los Simpson ya lo predijeron

Si hablamos de caricaturización, hay que mencionar a la familia más famosa de la televisión. Y es que Los Simpson, como el Nostradamus de la era digital, también han demostrado qué tipo de aptitudes valoran las empresas y también el profesional.

Se podría pensar que un ejemplo de excelencia es Lisa, la hija mediana de la familia. Inteligente, habilidosa con la música, ha demostrado ser también buena en los deportes en algunos episodios. Su lado racional está más que nutrido. Pero no es excelente. Lisa tiene un problema: le falta carisma, capacidad de comunicarse y sociabilizar. Solo hay que ver cómo el antiintelectualismo que reina en Springfield le da la espalda.

En el extremo contrario está Homer, el padre de la familia y el ejemplo amarillo de persona carismática. Tanto es así que consigue escabullirse del trabajo, ser el cabecilla de su grupo de colegas y, sin embargo, salir airoso de situaciones imposibles. Por supuesto, como ejemplo ético deja mucho que desear, porque no conoce el significado de la palabra responsabilidad y lo más importante, no tiene intención de conocerlo.

Entonces, ¿son responsabilidad y carisma las habilidades de un profesional que buscan las empresas? Sí, pero no es tan sencillo. Los dos conceptos, muy abiertos, implican muchas facetas, influenciadas además por la cultura, tecnología y corriente digital que impera en cada momento.

Como apunte, hay que estar muy atento al personaje de Maggie Simpson. Este bebé quizás sea lo que las compañías están buscando.

Habilidades de un profesional para equilibrar

Esta revisión de la familia Simpson nos deja una lección: nada es tan simple como para reducirlo a un arquetipo: un profesional es excelente porque sabe desarrollar sus diferentes facetas a la vez y, sobre todo, adaptarse a las contingencias de cada día.

Facetas que cambian cada cierto tiempo, más en sectores que llevan por bandera la innovación. Por suerte, el equilibrio profesional entiende de personalización, por lo que no es un problema analizar las destrezas emergentes que se asocian a él.

Conocer y aplicar todas tus habilidades

Parece irónico, pero la primera habilidad de un profesional que quiere equilibrar es precisamente saber estructurar todas sus habilidades. Una especie de archivo que contiene diferentes carpetas, que podemos visitar cada vez que lo requiramos.

Centrar los esfuerzos en una sola habilidad ya no es la clave del éxito. Estamos en la época de la multitarea, y eso requiere la capacidad de responder de forma eficiente ante diferentes situaciones que se nos plantean. Casi como hacer clic para cambiar de canal. Y no solo cambiar el pensamiento lógico: también entra en juego la inteligencia emocional y las respuestas más humanas que ofrecemos.

Mirada hacia el futuro

Las grandes compañías internacionales apuestan por trabajadores que quieran hacer del planeta un lugar mejor. ¿Por qué? Porque serán ellos los que lleven la batuta y dirigirán el cambio de todo el mundo, no solo sus intereses personales.

El profesional se convierte así, no solo en un defensor de su equilibrio, sino en un manifestante global de lo que se puede hacer por mejorar y dar respuesta a necesidades comunes. Un factor que se complementa perfectamente con las capacidades de un líder.

Ideas que inspiran, Finlandia

Finlandia, un país con dilatada experiencia en conciliación, quiere que la quinta parte de su población activa se forme en Inteligencia Artificial. Esta cruzada digital parte de un compromiso entre el Gobierno, las universidades y el ecosistema de emprendimiento del país, con diferentes iniciativas para educar a un millón de ciudadanos.

Este país vuelve a demostrar que estudiar acerca del “Machine Learning, Human Learning” será una habilidad muy importante en el futuro. Dada la capacidad exportadora de ideas sobre conciliación que tiene Finlandia, es muy probable que pronto se empiece a replicar en el resto del mundo.

Soft Skills en tiempos de equilibrio

Las habilidades blandas, aquellas que no se relacionan con el conocimiento específico de un determinado puesto, tienen mucho que aportar al equilibrio de un profesional. Específicamente, según el informe Udemy for Business de 2019, el pensamiento crítico y la capacidad de concentración.

Concentrarse ante tantos estímulos externos a nosotros (redes sociales, correos electrónicos, noticias al instante) es una habilidad de profesional muy bien valorada. Tanto como lo es la capacidad de analizar, entender y evaluar cada situación, por compleja que sea.

Es decir, la excelencia aquí es un profesional que en su trabajo es capaz de dar más del 100% de sí mismo, pero que sabe desconectar y recuperar las fuerzas que necesite en sus ratos de ocio y disfrute.

El éxito que vino de lo emocional

A time-lagged study of emotional intelligence and salary” es un estudio de varias universidades estadounidenses y la escuela de negocios ESSEC. La conclusión es clara: el profesional que sabe gestionar sus emociones y conocer las de su equipo y su jefe responde mejor a las demandas profesionales, y tiene un discurso más eficaz para pedir ayuda ante sus necesidades personales.

Las habilidades interpersonales se habían estudiado hasta la fecha como una mejora para la comunicación de equipos y líderes, pero poco a poco las empresas valoran más la capacidad que tienen los empleados de poner voz a sus deseos y criterios personales.  Y es que retener el talento requiere de una conversación bidireccional, un punto de entendimiento entre profesional y compañía.

El estudio también revela que, cuanto mejor gestionamos nuestras emociones, mejor aceptamos las críticas y más productivos nos volvemos para cualquier tarea.

¿Cultura de equipo? Ponga tres

No es lo mismo tener habilidades de liderazgo que tener cultura de equipo. Este concepto se asemeja más al concepto de familia que al propiamente empresarial. Los equipos de trabajo son familias con una serie de valores, reglas y mucha facilidad para expresar lo que piensan y quieren.

Esta habilidad se relaciona directamente con la anterior: adaptar el tono según el momento, conocer acerca de las tareas y necesidades de los compañeros e incluso saber remar en la misma dirección que ellos. Generar sinergias es mucho más fácil en una familia que en un grupo de desconocidos.

Habilidades de un profesional, habilidades de una persona

Tras un vistazo a una de las series más longevas de animación, al concepto de excelencia y a las habilidades de un profesional que darán respuesta a esta, vemos que cualquier capacidad humana que haga más fácil las tareas de nuestro puesto de trabajo servirán para encontrar el equilibrio. Y es que conciliar tiene mucho de eso: hacer más fáciles los aspectos de la vida y los del trabajo.

FUENTES : Blackie Books, The New York Times, Retina, The New York Times, El País, BBVA

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