Florence Lawrence, además de ser considerada la primera estrella de Hollywood a principios del siglo XX; era también una enamorada de la conducción. Eso la llevó también ser una de las pioneras en la invención de los indicadores de freno y los intermitentes: los primeros, a modo de una señal de STOP que aparecía al pisar el pedal de freno, y los segundos en forma de brazo que indicaba la dirección hacia la que iba a dirigirse el vehículo. En lugar de preocuparse por la aceleración, se centró en la seguridad. Hoy, estadísticamente, las mujeres solo protagonizan la cuarta parte de las muertes al volante y se considera que, por regla general, conducen de manera más prudente. ¿Son menos proclives a asumir riesgos que los hombres? ¿Enfocan la innovación de otra forma? Y, lo más importante, ¿es algo inamovible?
Somos seres totalmente creativos. Nuestra capacidad creativa nos permite evolucionar y, con esta creatividad, vivir (normalmente) con más confort y calidad de vida. La creatividad es, por lo tanto, una necesidad ineludible para la evolución. Esta creatividad se da en todos los ámbitos (podemos pensar, por ejemplo, en la medicina, música y arquitectura). Así que, antes de nada, los estudios nos demuestran que no hay diferencias significativas en la creatividad entre hombres y mujeres; no obstante, sí existe una diferencia importante en la implementación de dicha creatividad.
Teresa Amabile, profesora de Harvard, distingue entre la creatividad, entendida como la generación de ideas novedosas y útiles, y la innovación, entendida como la implementación de dichas ideas[1]. La innovación es la materialización del proceso creativo, y es en este impasse, entre los pasos intermedios de la creatividad y la innovación, donde sí existen grandes diferencias en cómo viven el proceso hombres y mujeres.
Por lo tanto, las diferencias de género no están en la capacidad de generar nuevas ideas, sino en el proceso de selección de tales ideas. Es por esto que nuevos estudios han querido comprender mejor este proceso, como el nuevo artículo de Mengzi Jin, profesora de la Universidad de Pekín, y Roy Chua, profesor de la Singapore Management University, que presentamos a continuación[2].
Los autores del artículo asumen que cuando las mujeres seleccionan una idea altamente novedosa, tal y como se ha mostrado en otros estudios, pueden sufrir consecuencias sociales, y por lo tanto, las mujeres pueden experimentar una mayor aversión a escoger la idea más novedosa entre todas las que han generado. Si esto es cierto, podría existir una evitación de la novedad más radical entre mujeres. Para demostrar ello, Jin y Chua llevan a cabo tres estudios que presentan en el mismo artículo.
Además, la colaboración entre séniors y junior tiene efectos muy positivos, según ha demostrado el informe Colaboración Intergeneracional: conectar el talento para una empresa más fuerte de la Fundación Seres. Según concluye el informe, los distintos tipos de conocimiento y cosmovisiones de trabajadores de distintas edades influyen de manera muy positiva en «el desempeño, la rentabilidad y la retención del capital intelectual, con importantes beneficios como el aumento de la productividad o el incremento de la resiliencia».
En el primer estudio, se pidió a 107 estudiantes de grado de una universidad de Singapur, de entre 21 y 30 años, que generaran tantas ideas novedosas como fuera posible sin límite de tiempo. De media, cada persona generó unas 6 ideas. Una vez que todas las ideas se generaron, se pidió a cada persona que valorara sus propias ideas en dos dimensiones: novedad (cómo nueva y única es la idea) y utilidad (en qué medida soluciona un problema real). Después de ello, se pidió de nuevo a los mismos participantes que eligieran, entre todas sus ideas, una, y que prepararan un vídeo para presentarla a una audiencia anónima. A su vez, se pasó un cuestionario para conocer su personalidad, nivel de inteligencia y evitación de la novedad.
Como cada persona valoró sus propias ideas, se operacionalizó la evitación de la novedad de cada persona, sabiendo cuál era el valor máximo de novedad de todas las ideas generadas y la puntuación de novedad de la idea escogida. Por ejemplo, si una persona valoró como la más novedosa de sus ideas un 95 sobre 100, y escogió finalmente una de 75, se le asignaba un grado de evitación de la novedad de 20. A su vez, se pidió a más de 10.000 participantes, entre 18 y 30 años, que evaluaran cada vídeo. En general, cada vídeo fue evaluado por más de 100 participantes.
Los resultados de este primer estudio revelan que las mujeres tienden a una mayor tendencia a evitar la novedad que los hombres. A su vez, descubrieron que las ideas más exitosas (mejor valoradas por la audiencia externa) no eran ni las más novedosas ni las convencionales, sino aquellas en un punto intermedio. En este sentido, las ideas propuestas por hombres tienden a ajustarse mejor a este nivel óptimo, y las de las mujeres, con mayor frecuencia, quedan por debajo de este punto óptimo.
En un segundo estudio, Jin y Chua pidieron a 306 diseñadores freelance que generaran un nombre y un logotipo para un eco-hotel y que, después, como en el estudio 1, valoraran cada idea en términos de novedad y utilidad y eligieran una de sus propuestas. Del mismo modo, se calculó la evitación de la novedad comparando la más novedosa con la idea seleccionada, y se incorporó una nueva variable: el miedo al rechazo social. Es decir, la sensación de ser percibido negativamente por proponer ideas demasiado innovadoras.
En este estudio, las ideas se valoraron por más de 30.000 personas. De manera similar al estudio 1, las mujeres tendieron a evitar la novedad más que los hombres en el momento de escoger una de sus ideas. Adicionalmente, este segundo estudio demostró que esta diferencia se explicaba, sobre todo, por un mayor miedo al rechazo social ante ideas muy novedosas. Del mismo modo, el éxito de la idea seguía una U invertida: las más valoradas no eran ni las más extremas ni las más conservadoras, sino las más equilibradas. Las mujeres, al optar por ideas más seguras, se situaban por debajo del punto óptimo, donde los hombres se acercaban más.
Uno de los principios de la física cuántica es la influencia del observador en el evento. Es decir, al analizar el comportamiento de una partícula lo modificamos. En cierto sentido, se podría decir que la gestión de la novedad en la mujer estaría alineada con ese principio: cuando son hombres quienes observan o enjuician, los resultados cambian.
Esa viene a ser la conclusión del tercer estudio, en el que se pidió a 404 estudiantes de una universidad en Singapur que hicieran un collage fotográfico para promocionar la universidad en redes sociales. Tal como sucedía en los dos estudios anteriores, debían valorar cada idea por su novedad y utilidad, y escoger una de sus propias ideas para desarrollar. En este tercer estudio, la novedad radicaba en que se informaba de cómo sería la composición del tribunal que valoraría cada propuesta, con cuatro opciones: solo hombres, solo mujeres, grupo mixto o sin información. 33.000 participantes volvieron a valorar las propuestas.
Los resultados de este tercer estudio demuestran que cuando las mujeres sabían que su trabajo sería evaluado solo por hombres, aumentaba la probabilidad de que evitasen la novedad. En cambio, cuando sabían que eran mujeres, esta tendencia a evitar la novedad se reducía o desaparecía. También se continuó confirmando la relación de equilibrio entre las propuestas presentadas.
Todos estos hallazgos nos llevan a plantear las siguientes implicaciones para los empleados y las organizaciones:
Para las organizaciones:
- Poner el foco no solo en la generación de ideas, sino también en su selección. Las organizaciones deben entender que algunas buenas ideas de sus propios empleados pueden quedar escondidas o invisibilizadas por los propios empleados debido a los riesgos y circunstancias explicados en el artículo.
- Facilitar un entorno seguro para la propuesta de ideas novedosas. Los estudios presentados revelan que el contexto no es neutro; por lo tanto, si se quiere ser una organización creativa e innovadora, es necesario facilitar un entorno seguro donde las ideas puedan compartirse libremente, sin miedo al rechazo social.
Para los profesionales:
- Entender el impacto del miedo social. Tal y como muestra el estudio, algunas personas pueden evitar la novedad por miedo al rechazo social. Es importante gestionar este miedo, tanto individual como colectivamente, para evitar que ideas brillantes nunca vean la luz.
- Buscar el punto óptimo entre la novedad y la utilidad. El estudio es también muy amplio en el número de participantes que valoran las ideas y, en los tres casos, las ideas más valoradas se encuentran entre lo poco innovador y lo radicalmente innovador. El equilibrio parece ser clave.
En última instancia, si volvemos al ejemplo de Florence, entendemos que lo verdaderamente crucial fue su capacidad para innovar y el hecho de que, si dejó una huella, fue precisamente porque en sus primeros compases el mundo del motor aún no estaba condicionado por un prejuicio masculino, ni ella temía el rechazo.
El Dr. Marc Grau-Grau es profesor de políticas sociales y familiares en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UIC Barcelona, y coordinador de la Cátedra Joaquim Molins Figueras Childcare and Family Policies. Ha sido research fellow en la Harvard Kennedy School (2016-2022). Es licenciado en Administración de Empresas por ESADE Business School, máster en Ciencias Políticas y Sociales por la Universitat Pompeu Fabra, y doctor en Políticas Sociales por la Universidad de Edimburgo. Entre sus libros editados destacan The Work-Family Balance in Light of Globalization and Technology (Cambridge Scholars Publishing, 2017), The New Ideal Worker (Springer, 2019), Engaged Fatherhood (Springer, 2022) y Human Flourishing (Springer, 2023). Actualmente, es co-editor de la revista Community, Work and Family.