La filosofía corporativa debe empezar a medirse en bytes. Pero a la vez, para que la tecnología se entienda como una herramienta de progreso, deben establecerse ciertas normas de buen uso.

Los avances se suceden a una velocidad vertiginosa. Las grandes empresas innovadoras ponen a disposición de sus clientes y empleados facilidades tecnológicas para aplicar en sus rutinas. Los empleos del presente ya dependen cada vez más de la digitalización de modelos y procesos. Y los profesionales están mejor preparados en ello. ¿Cómo puede la filosofía de estas compañías utilizar la tecnología para el bienestar de todos?

En qué acertó (y en qué no) Marty McFly

“Regreso al Futuro” es una de esas películas que miramos en la actualidad con nostalgia y algo de incredulidad. ¿Cómo podían pensar en 1985 que en la actualidad habría coches voladores? Pero esta ficción sí acertó en algunas situaciones que ocurren en la realidad.

Lo primero que llama la atención son todas las previsiones tecnológicas que hemos aplicado al entorno profesional. La videoconferencia nos ayuda a conectar equipos de cada parte del mundo, así como las grandes pantallas que se dividen en diferentes canales. Y el control de la tecnología por voz pronto empezará, no solo a estar en el ámbito personal, sino también en el profesional.

Pero hay más. En un viaje al pasado cambiar algo puede provocar un efecto mariposa incontrolable. Un credo que las empresas innovadoras líderes conocen bien. Trabajar a tiempo real es la única opción para controlar todas las variables que cambian constantemente y no producir un efecto perjudicial a largo plazo. Más en un entorno digital. ¿Eso significa que debemos estar constantemente alerta?

El interruptor de apagado, también en la vida real

La mayoría de dispositivos que utilizamos en nuestra vida vienen con un botón de bloqueo o silencio. Esto facilita que dejen de hacer su tarea, que corten la conexión entre personas y digital. Pero nosotros no venimos con botón de bloqueo. Y es tentador, casi adictivo, mirar para ver si tenemos un nuevo correo electrónico o alguna novedad en redes sociales.

Las generaciones más jóvenes no han vivido sin estar conectados. Por eso, aprender a apagar es mucho más difícil en ellos, también en un ambiente de trabajo. Y los que vienen detrás no lo tienen más fácil: según un estudio de Commons Sense Media, un 50% de los adolescentes pasan más de cinco horas con su teléfono. Y la mitad de ellos reportan sentimientos de depresión o aislamiento.

Es la hora de que las empresas más innovadoras se conviertan en educadoras de I+D+i. Ya no basta con saber usarlas en beneficio de un puesto de trabajo. Hay que aprender a usarlas en beneficio del entorno, de la salud mental de los profesionales y del crecimiento no solo empresarial, también humano.

Empresas innovadoras contra la dependencia tecnológica

Silicon Valley quiere hablar de buenos usos de la tecnología. Las grandes compañías como Facebook, Google y Apple son principales impulsoras de la transformación digital y herramientas colaborativas, pero también quieren fomentar su buen uso.

Bicicletas de Google en GooglePlex

Para ello, incorporan sociólogos y filósofos entre sus equipos, con un doble propósito muy claro: ayudar con el desarrollo de la Inteligencia Artificial, pero también ayudar a que la convivencia con esta tecnología sea más sencilla. Tener profesionales humanistas potencia el conocer la relación y reacción de los individuos ante cualquier innovación digital.

Antiguos empleados que piden el cambio

Tristan Harris de Google, Lynn Fox de Google y Apple, Justin Rosenstein de Facebook… la lista de los integrantes de “Center for Humane Technology” está llena de importantes profesionales que colaboraron con las compañías más techie del globo.

Pero ahora su visión ha cambiado. Quieren un mundo donde la tecnología respalde el bienestar y el sentido común para enfrentar desafíos globales de alta complejidad. Realinear la tecnología con la humanidad. Y como vale más una imagen que mil palabras, esta charla TED de Tristan Harris te lo explica.

El experimento para la alianza equilibrio-tecnología

En 2016, Phyllis Moen y Erin Kelly, profesoras en la universidad de Minnesota y en el MIT respectivamente, propusieron a una corporación anónima, a la que nombraron como TOMO, un experimento social. Dejar a la mitad de los empleados del departamento de tecnología libertad de horarios y lugares de trabajo. Todos ellos conectados a través de diferentes herramientas colaborativas.

Lo interesante de este experimento fue el uso de la tecnología en ella. Comunicación continua, información al alcance de todos…  y escucha activa. Los responsables recibieron iPods que sonaban dos veces al día para recordarles que debían pensar en el apoyo que daban a sus empleados, en cómo estaban satisfaciendo sus necesidades en el trabajo, pero también en casa. Y luego transmitírselo.

La tecnología es una fuerte aliada de la filosofía corporativa de las empresas innovadoras. Siempre y cuando refleje la responsabilidad que tienen estas hacia sus trabajadores, respetando el equilibrio que busca todo profesional. Las consecuencias de un abuso (o mal uso) pueden conseguir todo lo contrario. ¿Influyen? Por supuesto. Es tarea de la organización elegir el cómo.

FUENTES: Finanzaspersonales, Harvard Business Review, ElEconomista, Retina, Xataka, New York Times