Esta entrevista va de trenes, aunque Diego J. Ramón nunca ha trabajado en el sector del ferrocarril. Nos referimos a esos trenes profesionales que pasan pocas veces en la vida y a los que Diego, que ha desarrollado toda su carrera en ACCIONA de una forma u otra, siempre ha procurado subirse. Aunque pasaran a toda velocidad y tuviese que apretar el paso. “Mi filosofía era un poco que cuando tengo que elegir entre dos cosas, elegir aquella que, si pasa el tren, no lo puedes coger más. Suele ser la opción más difícil, pero lo importante es que no me arrepienta. No decir luego que ha pasado y no lo he cogido,” nos dice en un punto de la conversación.
Esos trenes tienen un nombre: se llaman Upington, en Sudáfrica o Luisiana, en EE. UU., donde reside actualmente. Y han sido las oportunidades que ACCIONA le ha ido brindando en estos veinte años de crecimiento profesional y personal desde que iniciara su andadura en la empresa en el año 2004. Aparte de los trenes, y aquí abandonamos el sentido alegórico, también hablaremos de energía renovable, de tuneladoras o de grandes autopistas. Y de que al llegar a un nuevo trabajo hay que acercarse a los que más saben, con independencia de su rango jerárquico. Te invitamos a descubrirlo de la mano de un ingeniero nómada que jamás ha olvidado sus raíces.
Una de las máximas a la hora de crear un guion cinematográfico es que no conviene explicar la acción, sino simplemente mostrar los hechos. Aquí va uno: después de 20 años de carrera un ingeniero como Diego ha estrenado nuevo puesto y nuevo país en Luisiana, el lugar desde el que nos atiende. “Es un proyecto de una autopista, la I-10. Aquí estoy haciendo una función que se llama Proyect Control Director,” nos dice mientras comprueba el título en su tarjeta de visita, que aún tiene la tinta fresca, por así decirlo.
¿Y de qué va exactamente? “Es gestionar costes y programar, llegar a tiempo”. De acuerdo, pero ¿qué hace un ingeniero como él en EE. UU.? Toca tirar del hilo.
En su primera juventud a Diego, que nació en el pueblo madrileño de Mejorada del Campo, le gustaban distintas disciplinas y campos de acción, desde las ciencias hasta el deporte, pasando por la economía y la empresa. Y una oposición militar le daba la oportunidad de aunarlas. “A mí me gustaban muchas cosas y, tras hacer COU, intenté una oposición para el Ejército. Era de esas cosas que decías: o lo hago ahora o no lo hago nunca. Estuve cerca, pero no la pasé”. Sin embargo, los conocimientos de física, química, inglés o matemáticas que obtuvo no cayeron en saco roto.
“Todo lo que preparé para la oposición me valió para que la carrera la sacara bastante rápido. No era mi vocación inicial, pero me gustó mucho”. Y aclara: “Yo no venía de familia de ingenieros, pero mi padre y un tío mío que trabajaba en el mundo de la construcción, con el que tengo bastante relación, me sugirieron que hiciese Caminos u Obras Públicas”. La segunda, una titulación técnica, fue la opción elegida.
Lo que más me llamaba la atención cuando empecé a estudiar Obras Públicas era la gran infraestructura.
Y añade: “La gran infraestructura, la obra grande era lo que lo que me llamaba a mí la atención y fue por la rama por la que tiré”. Hoy, en perspectiva, esa trayectoria académica ha sido la manera óptima de aplicar sus múltiples intereses. “Nunca había pensado en ello, pero la ingeniería lo abarca todo, hasta el derecho, porque hoy en día hacemos incluso de abogados”.
Al poco de terminar la carrera estaba ya trabajando en una UTE participada por Necso, una empresa que más tarde pasaría formar parte de ACCIONA. El proyecto era la construcción de las calles, avenidas y puentes de una urbanización que hoy es uno de los ejes urbanos de Madrid. “En esa época había bastantes opciones. Y una de la que surgió fue estar en el Ensanche de Vallecas. Creo que ahí también tomé una decisión que fue buena. No era ni la mejor oferta desde el punto de vista del salario, ni tampoco por el perfil”, comenta al hilo del anuncio, que estaba orientado a seguridad y salud.
Elegí mi primer puesto de trabajo porque era un proyecto grande que sonaba bien, con el que pensé que iba a aprender y desarrollarme más a largo plazo.
Pero decidió presentarse a la entrevista y allí le ofrecieron otra opción: convertirse en la mano derecha del director de la obra. Diego se dejó guiar por el instinto. “Era un proyecto grande y sonaba bien, con el que pensé que iba a aprender y a desarrollarme más a largo plazo, así que le dije al entrevistador que adelante”. Diego hace una pausa reflexiva: “A veces en una entrevista, si te explican bien las cosas, puedes cambiar de opinión y apostar por algo que no imaginabas”.
Y esa corazonada pronto quedó validada. “El primer día me siento y el jefe de producción me dice: ‘Vente Diego, que tenemos un problema’. Me monto en el coche y resulta que se había roto una tubería muy grande del canal de Isabel II que daba agua a todo el sur de Madrid”, nos cuenta evocando aquella primera sorpresa. “Me dijo que se iba a inundar la A3 y de pronto empezaron a mandar camiones y maquinaria. Imagínate, yo ahí con veintipocos años y ya era como todos los demás. Eso y tratar con mucha gente es una forma de crecer”.
En mi primer año de trabajo aprendí casi tanto como en los diez siguientes.
Porque, además de esa primera (y excepcional) gesta, de su bautismo laboral recuerda sobre todo el aprendizaje. “Todos los días había algo nuevo, nunca te aburrías. En esa primera fase en un año aprendí como en diez de los siguientes”.
Al año de empezar, el gerente al que ayudaba le pasó el testigo para que terminase lo que quedaba de la obra en calidad de jefe de producción. Además, su antiguo jefe le había reservado otra oferta.
Si Diego ambicionaba dedicarse a las “infraestructuras grandes”, su próximo destino colmaría todas sus expectativas. Corría el año 2004 cuando pasó a ser jefe de turno de una de las tuneladoras en la ampliación del Metro Norte de Madrid. “Éramos cuatro jefes de turno por tuneladora; las tuneladoras trabajan veinticuatro horas, no paran nunca”.
La tuneladora, cuando eres ingeniero y acabas de terminar la carrera, es como la gran máquina.
¿No le impresionaron esas gigantescas máquinas con las que no había tenido contacto? “Al final la tuneladora, cuando eres ingeniero y acabas de salir es como la gran máquina”. Por suerte, no estaba solo ante el reto. “En esos proyectos hay dos figuras, la del ingeniero jefe de obra, y luego hay otra figura, que es la del encargado de obra, que es muy importante”.
Cuando comencé con las tuneladoras tuve que ser humilde y acercarme a la gente que sabía porque llevaban veinte o treinta años trabajando.
Al hilo de eso, nos cuenta una valiosa lección: “Una de las cosas más importantes fue acercarme a los encargados de obra, gente que me sacaba veinte años, que podía tomar decisiones, y decir: ‘Oye, este chaval qué me está diciendo a mí que tengo que hacer’. Pues tienes que ser humilde, acercarte a ellos e intentar aprender de esta gente que no tiene una carrera, pero de obra sabían muchísimo porque llevaban veinte o treinta años trabajando”.
Hablando de aprender, sus compañeros de estudios de Obras Públicas le recomendaron que se uniera a ellos para cursar Ingeniería de Caminos. Su trabajo como jefe de turno le ocupaba los fines de semana, por lo que disponía de más tiempo el resto de los días. Así que aceptó el reto para crecer también académicamente.
Los encargados de obra cuidaban a los más jóvenes que acababan de llegar.
También asoman momentos de solidaridad y camaradería. “Me acuerdo de estar en la tuneladora cuando se terminaba el turno y el encargado de obra decirme: ‘Oye Diego, vete ya a estudiar’. Se preocupaban por ti, para que fueras a estudiar; el encargado siempre era una persona que cuidaba a los que éramos más jóvenes, aunque luego estuvieras por encima de ellos”.
Por supuesto, además del contacto con las tuneladoras y el regreso a la universidad, también se obró otro cambio significativo. “Ahí fue donde se cambió a ACCIONA. Me acuerdo el día que nos mandaron una comunicación y que a partir de ese día todo era ya ACCIONA. Al día siguiente todos los carteles llevaban ya el logotipo”. Era el año 2006, recuerda.
Competíamos entre tuneladoras a ver quién avanzaba un metro más o colocaba más anillos. Era algo adictivo.
Con respecto a esta época, Diego también evoca las amistades forjadas con el equipo de la tuneladora y la sana competitividad con la otra tuneladora que trabajaba en paralelo. “Esto de la producción en las tuneladoras era un poco adictivo porque quieres producir más y más. Todo el mundo quería hacer el récord, ya fuera en metros avanzados o anillos colocados”.
A pesar de que lo habitual era quedarse en Madrid, Diego abrazó las oportunidades de trabajar fuera de la capital, alternando proyectos y sectores. Primero sería un hospital en Castilla y León. Y luego una, por aquel entonces, novedosa planta termosolar en Extremadura para ACCIONA Energía. “La primera planta fue en Badajoz, en Alvarado. Como fue bien, hicimos otra en Cáceres, Majadas del Tiétar y después otra en Badajoz, Orellana. Era algo muy novedoso que a mí me llamaba mucho la atención”.
La filosofía de apostar por aquello que, si no lo coges, no vuelve a pasar es lo que me ha llevado a trabajar en cinco continentes.
Recuperamos aquí la alegoría de los trenes porque, impulsado por el afán de aprender, se fue subiendo a otros más a medida que pasaban. “La gente cuando me dice: ‘Oye, qué hago’, les digo que cojan aquello que, si no lo coges ahora, no lo puedes coger nunca. Esa era un poco la filosofía que he tenido yo y por eso he acabado trabajando en cinco continentes”. Y eso nos lleva, inevitablemente a su experiencia internacional con ACCIONA.
Tras una breve incursión en Santander, acometió un “pequeño pero intenso” proyecto en el aeropuerto de Barajas, donde contaban con tiempos muy ajustados, ya que había que trabajar por la noche y dejarlo todo listo por la mañana. En esa época vivía en Mejorada del Campo y oía pasar los aviones camino del aeropuerto al amanecer. “Me despertaba automáticamente y, hasta que no los oía aterrizar, no me volvía a dormir”. Poco después, Diego tendría que subirse a uno de esos aviones para empezar una nueva etapa profesional.
Hay pocas constructoras como ACCIONA que te ofrezcan la posibilidad de moverte por el mundo, conocer culturas y hacer cosas distintas.
En esta sección ya hemos hablado de perfiles como el de Andreu Hernández que han vivido en primera persona la evolución de ACCIONA en los últimos veinte años, una época en la que el compromiso con la energía renovable y la transformación en una empresa global han sido dos de los principales ejes. “Durante este tiempo yo he pasado de una ACCIONA que era 80% obra nacional y 20% extranjero a justo lo contrario”, nos dice en lo tocante a este proceso.
Un buen día, alguien en la oficina le espetó: “¿Por qué no te vas a Sudáfrica para ayudar en el estudio de un proyecto de termosolar?”. El proyecto no solo salió, sino que supuso que Diego y su familia –a todo esto, mientras tanto se había casado y ya tenía su segundo hijo– se mudaran al país, concretamente a la región del Cabo Norte, cerca de Namibia. “Mi mujer ha sido siempre igual de lanzada que yo y dijo: ‘Vale, vámonos para allá’”.
A Diego se le dibuja una sonrisa en la cara al recordar ese primer proyecto internacional. “Estuvimos allí tres años, de 2012 a 2015, y fue una experiencia que nos marcó a todos”. Su tercer hijo nació allí al poco de llegar.
ACCIONA me ayudó en todo cuando llegué a Sudáfrica. Nunca ha habido un problema que no me hayan resuelto.
“Llegué un poco como un paracaidista, al ser de los primeros. Tenía que preparar todo para mí y para los que venían detrás”, explica. “Por suerte, la empresa me ha apoyado en todo. Nunca ha habido un problema que no me hayan resuelto”.
Diego comienza a trazar una línea en un mapamundi imaginario, recitando nuevos destinos tras la etapa surafricana. Nos habla de la construcción de los túneles de una mina en Navarra. Y luego de la estancia en Dubái para una línea de metro de la Exposición Universal de 2020, justo al poco de nacer su hija menor, la cuarta de la familia. “La gente me decía en broma que íbamos a hijo por destino”, apostilla entre risas.
También recuerda con cariño la etapa neozelandesa, donde trabajó en una carretera para unir el norte de la isla norte con la capital, Auckland. “Nueva Zelanda es el sitio para los niños, lo pasaron de maravilla. Mi mujer dijo: ‘Oye, vamos a vivir como colonos; yo no quiero vivir en la ciudad, quiero vivir en medio del campo’. Y ahí vivimos en una casa con una pradera inmensa, una oveja y unas gallinas”. Cuenta también que les pilló la pandemia allí y que no pudieron salir del país durante unos meses.
Por fin, regresaron a Madrid donde trabajó en la preparación de otro proyecto en Sudáfrica que no se materializó. Hasta que recibió una nueva llamada. ¿Qué tal le sonaba Luisiana? “Ya os he dicho que ya he estado en África, Europa, Asia y Oceanía, así que solo me faltaba América. La posibilidad que te da ACCIONA de moverte por el mundo, de conocer culturas diferentes y de hacer cosas totalmente diferentes, pocas empresas te lo ofrecen en el sector de la construcción”, concluye.
Diego y su familia llevan ya un año en Luisiana con el proyecto de autopista con el que comenzamos este artículo. “ACCIONA ha apostado mucho por este proyecto y ha traído aquí a gente muy potente. La empresa cree que si entras en un país tienes que hacerlo bien. Este es un proyecto importante, de algo más de dos mil millones de dólares”.
¿Y qué impresión le ha causado EE. UU.? “La verdad que me ha sorprendido para bien la forma de ser de la gente de aquí, abiertos de verdad, no solo amables; es una zona con gente muy amable. El proyecto acaba de empezar, así que estoy en fase de ‘honey moon’ como suelo decir”.
¿No echa de menos España? “Aunque nos gusten muchos otros sitios, nuestra base de operaciones sigue siendo nuestra casa de Madrid. Es ese olor a hogar cuando abres la puerta”, matiza. Allí tienen también a su familia y amigos, ya que su mujer también proviene de Mejorada del Campo.
Y este es, por el momento, el último capítulo de la vida profesional de Diego. Un ingeniero nacido en un pueblo pequeño a las afueras de Madrid que ha tenido la oportunidad de cruzar los cinco continentes y conocer de cerca el mundo de las infraestructuras y la energía renovable. Y eso gracias a todos los trenes que han ido pasando por delante y a los que se encaramó en el momento preciso. Quién sabe si entre nuestras ofertas de empleo internacionales hay también otro tren para ti, a punto de salir.