“El desierto enseña a escucharse”, dice un proverbio árabe. Una reflexión en la que encaja a la perfección nuestro protagonista, consciente de la importancia que tiene “saber estar con uno mismo” para seguir sin reservas la brújula de la ambición profesional. Y si se tercia, llegar al fin del mundo, como veremos más adelante.
A primera vista, la trayectoria de Raúl Peón podría parecer una concatenación de decisiones valientes, oportunidades aprovechadas y una dosis generosa de espíritu aventurero. Pero al escucharle hablar, se comprende que su recorrido profesional —desde los valles verdes de Asturias hasta las grandes desaladoras de Arabia Saudí o proyectos de tratamiento de aguas en Vietnam— responde sobre todo a una inquietud profunda: entender cómo funciona el mundo, desmontar motores y volverlos a montar, mejorar los procesos, explorar otros horizontes y, casi siempre, ponerse a prueba.
Hoy Raúl trabaja como Commissioning Manager de ACCIONA en Vietnam, inmerso en la puesta en marcha de grandes plantas desaladoras y depuradoras que abastecen a millones de personas. Un trabajo técnico y exigente, sí, pero también una aventura humana y cultural en un lugar donde la infraestructura hídrica es literalmente una cuestión de supervivencia.
“En los últimos años, el grueso de la actividad de ACCIONA en el sector del agua ha estado en Oriente Medio, una zona con un elevado desarrollo demográfico, pero con condiciones geográficas muy duras y de escasez hídrica”, apuntaba Raúl recientemente desde la localidad saudí de Al Shuqaiq, punto de referencia desde el que ha estado desplazándose a los proyectos de la región.
Apenas había comenzado la entrevista cuando nos contó la noticia: uno de ellos, la desaladora Shuqaiq 4, acababa de ser galardonado con el premio Proyecto del Año en Agua en los 16th Big Project Middle East Awards (Premios al Gran Proyecto de Oriente Medio) que ha reconocido su excelencia en la construcción bajo condiciones desafiantes y su vocación de proyecto transformador en el ámbito de la sostenibilidad.
Raúl es asturiano, de Langreo, y siempre habla de su tierra con un cariño especial. “Es una tierra muy buena, con mucho verde, mucha naturaleza y donde se come muy bien”, resume entre risas. Creció en una cuenca minera, entre trabajadores de oficios muy diversos, y recuerda su infancia como un ecosistema lleno de ingenios industriales que constituían un estímulo para alguien con su curiosidad: “Desde pequeño siempre me ha gustado el tema de la construcción. Me gustaban mucho los Legos, las matemáticas, el ajedrez... siempre quise entender cómo funcionaban las cosas”.
Aquella inclinación natural derivó pronto en varias aficiones que marcaron su carácter disciplinado: fue jugador de ajedrez —ganando torneos locales de niño— y competidor de artes marciales, llegando a ser campeón de Asturias de karate un par de veces y quedándose muy cerca del podio nacional. La combinación de cuerpo y mente ha sido siempre esencial en su vida. “Soy muy inquieto, me gusta moverme. Nunca me ha gustado quedarme quieto”, confiesa.
Esa inquietud también se trasladó a lo académico. Si bien en su juventud llegó a barajar ser astronauta o arquitecto, finalmente eligió Ingeniería Mecánica porque le permitía “ver” de manera tangible el funcionamiento de máquinas, motores y sistemas complejos. Pero no se quedó ahí: simultaneó la ingeniería con ADE, y más tarde realizó varios másteres, primero online y después uno presencial en Sevilla. La lógica detrás de acumular formación era, para él, muy simple: abrir caminos.
Antes de llegar a ACCIONA, Raúl hizo una breve incursión laboral en el sector logístico, pero el trabajo no encajaba con lo que él buscaba. “Yo quería un trabajo de campo, de ingeniería real, de proyecto. Quería ensuciarme las manos”, recuerda. Cuando recibió la oferta de ACCIONA, la decisión fue casi inmediata: “De hecho perdí algunas ofertas por esperar la llamada de ACCIONA”, cuenta riendo.
Llevaba años con ganas de trabajar en Oriente Medio. Me parecía una zona muy segura, muy tecnológica y en pleno desarrollo.
Su entrada en la compañía vino con una advertencia muy clara: era un perfil internacional. Y más aún, su destino inicial sería Oriente Medio. Para muchos habría sido una propuesta para valorar con calma y sopesar pros y contras; para él, fue un sueño hecho realidad. “Llevaba años queriendo trabajar en Oriente Medio. Me parecía una zona muy segura, muy tecnológica y en pleno desarrollo”.
Su primera etapa de formación fue en oficina, aprendiendo documentación técnica y conceptos base de procesos de plantas. “A los tres o cuatro meses me lanzaron a una obra, pero entré de eléctrico, a pesar de ser mecánico, para poder ganar esa experiencia, ese background que a mí me faltaba”, apunta con su propensión a intercalar anglicismos. Desde ese momento, no dejó de crecer: ingeniero junior de proceso, responsable mecánico, jefe de equipos, coordinador de proyectos en España y Arabia Saudí… hasta convertirse en una pieza clave de la puesta en marcha en varios proyectos simultáneos.
Raúl ha vivido dos grandes etapas en Arabia Saudí. La primera duró año y medio, seguida de un regreso temporal a España para la puesta en marcha de dos depuradoras, una en Muskiz y otra en Plasencia, “ésta como jefe de equipos, mi primera experiencia en el área de ingeniería y construcción”. En la segunda etapa saudí ha sumado más de año y medio. En total, más de tres años de experiencia directa en el país, repartidos entre Riad y diferentes zonas donde ACCIONA opera plantas.
Allí ha trabajado sobre todo en plantas desaladoras y depuradoras, y ha formado parte de los equipos responsables de Shuqaiq 3 y Shuqaiq 4, dos desaladoras colosales capaces de suministrar cientos de millones de litros de agua al día. Para comprender la magnitud: Shuqaiq 3 y 4 alcanzan los 400.000 y 450.000 m³/día, respectivamente, y benefician a más de 3,5 millones de habitantes de la región.
Su “base” estaba cerca de esas instalaciones, aunque lo de base es una palabra relativa, ya que viaja de forma incansable: “Mi mayor constante es la adaptación continua al cambio”, reflexiona. La movilidad es constante, la maleta siempre está medio hecha, y como él mismo reconoce, la habilidad para prepararla se ha convertido en una destreza profesional: “Puedo hacer una maleta en diez minutos”.
La puesta en marcha es la última fase de un proyecto industrial de agua. Es, en esencia, convertir una instalación que ha sido diseñada, construida y equipada… en una planta que produce agua apta para su uso y funciona bajo todas las condiciones previstas. Es el momento en el que la teoría cede el protagonismo a la práctica. Raúl lo explica así: “La puesta en marcha es la culminación de un proyecto que, previamente, tienes que auditar, prediseñar, ganar, diseñar, construir, instalar equipos, precomisionar y, finalmente, arrancar. Ese es el momento en el que toda la teoría se convierte en realidad, el momento en el que el campo es el que lidera”.
Su día a día “se escribe solo”, como él dice. Tiene una lista de prioridades semanal y maneja varios proyectos simultáneamente: “Cada día es distinto, una experiencia nueva, siempre va a surgir algún problema, algún conflicto, algo que atender, y eso es muy entretenido”. A veces se trata de ajustar un instrumento, otras de resolver un conflicto contractual, otras de coordinar a centenares de personas. En los “días normales” surgen problemas relativamente esperables: un motor que necesita ajuste, un sensor que debe recalibrarse...
Esas trabas sencillas son las más comunes, representan el 90% del total, pero después está ese otro 10% de imprevistos de alto impacto. Y ahí Raúl brilla: “Me intento enfocar en los problemas que nadie se espera, los que pueden romper el schedule. Lo complicado es tomar decisiones en momentos de mucha presión. Yo, cuando veo que el mundo arde, soy capaz de mantener la calma, respirar y decidir un enfoque; y tranquilizar al equipo y al cliente”.
¿Algún ejemplo que pueda ilustrar esta templanza? Uno, cuando tuvieron que extraer dos bombas de agua de más de cinco toneladas sumergidas a 40 metros en un pozo de aguas residuales. Otro, cuando en la depuradora de Buraidah tuvieron apenas dos semanas para cambiar todos los difusores del sistema biológico justo antes del test final. “Eso requiere trabajar muy rápido, con turnos de mañana y noche, y todo debe estar muy bien calculado, porque vas a contrapelo. Además, tienes que jugar con las bacterias que ya están vivas, e ir cambiándolas de un tanque a otro a la vez que haces el mantenimiento”.
Son crisis que requieren decisiones inmediatas, pero también sangre fría: “En la puesta en marcha es muy importante transmitir confianza al equipo. Si te ven tranquilo, ellos siguen”.
Pocas personas ajenas a este sector saben que el corazón operativo de una depuradora no son máquinas, sino organismos vivos. Raúl lo resume con una mezcla de humor y respeto técnico: “Una depuradora es como tener un mini zoo en el trabajo. Tienes que dar de comer a las bacterias, conseguir que estén a gusto, y entender que son ellas las que mandan. Las bacterias marcan los tiempos, no tú”.
Ese proceso biológico requiere conocer en detalle la vida y comportamiento de microorganismos que degradan la materia orgánica. La complejidad hace que la colaboración con biólogos sea constante, y Raúl reconoce que ha aprendido muchísimo gracias a ellos: “De hecho, mi anterior jefe directo era una figura ampliamente reconocida en el ámbito y, al mismo tiempo, mi principal guía y apoyo profesional”. Aprovecha para recalcar que la disponibilidad de los más veteranos para compartir su experiencia es algo a lo que se ha tenido que acostumbrar, tras el miedo inicial que acompaña a los novatos a la hora de hacer preguntas que delaten su desconocimiento.
Hay compañeros que tienen tantos años de experiencia como yo de vida y si he necesitado llamarlos a diario en una puesta en marcha, a diario me han respondido y me han ayudado. El apoyo es máximo.
“En ACCIONA no solo se busca talento y la forma de conservarlo, sino también cómo compartirlo internamente. El apoyo es máximo. Hay compañeros que tienen tantos años de experiencia como yo de vida y si he necesitado llamarlos a diario en una puesta en marcha, a diario me han respondido y me han ayudado”. Esa sensación de seguridad en el entorno humano ha cambiado en poco tiempo la percepción inicial que Raúl tenía cuando comenzó a trabajar en esta compañía multinacional: “Al principio, me sentía parte de una organización. A día de hoy, me siento parte de una familia”.
Si las depuradoras dependen de procesos biológicos, las desaladoras funcionan bajo condiciones físicas extremas: 65 o70 bares de presión en los sistemas de ósmosis inversa. Una operación milimétrica en la que un error puede tener consecuencias imprevisibles. “Una desaladora es otra liga. La presión es altísima y cualquier decisión tiene riesgos. Hay que calcular todo con sumo cuidado”, dice.
Estas plantas son indispensables en Arabia Saudí, donde no hay ríos permanentes y la mayor parte del agua dulce proviene del mar. ACCIONA está detrás de algunas de las instalaciones más grandes del país, capaces de convertir desierto en zonas habitables: ciudades nuevas, huertos, parques, barrios enteros.
Cada proyecto trae algo nuevo y muchas veces nuestras propuestas desde el campo acaban aplicándose.
Pero si algo caracteriza a ACCIONA en Oriente Medio es el ritmo de innovación. Ninguna planta se repite. Cada proyecto introduce cambios, mejoras, tecnologías nuevas, soluciones de eficiencia energética o integración fotovoltaica. Pero lejos de actuar solo a modo de oráculo, el departamento de I+D también es una vía de doble dirección. Así lo constata Raúl: “Cada proyecto trae algo nuevo y muchas veces nuestras propuestas desde el campo acaban aplicándose”.
Desde nuevas membranas para ósmosis inversa hasta reactores biológicos secuenciales y más compactos, la evolución es constante. Y Arabia Saudí, con su ritmo frenético de crecimiento, actúa como un foco de innovación a escala global.
Si algo sorprende en la historia de Raúl es su nivel de integración en un entorno cultural tan distinto al español, “pero sin perder nunca la nostalgia por el cachopo y la fabada”, bromea. Aprendió a leer y escribir árabe en apenas tres meses y, aunque todavía perfecciona su fluidez, ha utilizado el idioma a diario: “Hablar árabe es abrir una puerta. Te ven como alguien cercano, no como un extranjero más”.
Si te quedas sin gasolina en medio del desierto, enseguida llega alguien que empuja el coche contigo o te da gasolina de su coche, y encima te invita a comer.
Ha sido invitado a bodas, a campamentos en el desierto, a cenas familiares donde se come sobre alfombras y se comparte camello con arroz. Le han ayudado desconocidos en situaciones complicadas, y él mismo relata anécdotas en las que ha acabado en mitad del desierto con conductores locales que cuentan con una sorprendente capacidad para la orientación, incluso en plena noche. “Si te quedas sin gasolina en medio del desierto, enseguida llega alguien que empuja el coche contigo o te da gasolina de su coche, y encima te invita a comer”, asegura de primera mano. “La hospitalidad aquí es increíble. En cuanto saben que eres extranjero y estás solo, te acogen”, añade.
¿El lugar más impresionante que ha visitado en Arabia Saudí? “El Cañón del Fin del Mundo”. Conocido localmente como Jebel Fihrayn, es una imponente formación rocosa de 800 kilómetros de largo, que recibe su nombre por la ilusión óptica que produce la panorámica del horizonte desde lo alto del acantilado. “Nos metimos en el coche cuatro amigos del trabajo, atravesamos el desierto y llegamos al Fin del Mundo unos minutos antes de la puesta de sol. Saber que en cientos de kilómetros a la redonda no hay más que desierto me aporta una sensación de calma y tranquilidad absoluta”. Uno de esos momentos idóneos para escucharse a sí mismo.
Raúl viaja tanto que ha convertido el ejercicio físico en algo portátil: siempre lleva en su maleta unos soportes para hacer flexiones sin dañar las muñecas. El saco de boxeo solo lo puede usar cuando está en casa, demasiado voluminoso y pesado para transportarlo. Cada vez que cambia de residencia, toca comprar un nuevo saco. Es su particular forma de crear hogar. “Ya no concibo vivir sin entrenar y, como viajo tanto, tengo mi kit”, asegura.
La movilidad también forma parte de su filosofía vital. No se imagina estático. No descarta vivir en África, América o Australia si el trabajo y las oportunidades lo llevan allí. Para él, el mundo es un mapa por recorrer, y recuerda cómo trasladó esa inquietud en sus primeras conversaciones con la empresa: “Desde que comencé a hablar con ACCIONA, les dije: ‘Quiero moverme, quiero volar, quiero viajar’”. Deseo concedido.
Los nuevos retos profesionales se suceden con tal velocidad que, mientras escribimos estas líneas, Raúl ya se encuentra de camino a una nueva aventura, esta vez destinado a Vietnam.
Con casi cinco años en ACCIONA y múltiples proyectos completados, Raúl ha desarrollado un perfil técnico y humano difícil de igualar: capaz de dirigir obra, gestionar equipos multiculturales, apagar incendios técnicos, mantener la calma bajo presión y hablar árabe para resolver problemas con naturalidad.
Los nuevos retos profesionales se suceden con tal velocidad que, mientras escribimos estas líneas, Raúl ya se encuentra de camino a una nueva aventura, esta vez destinado a Vietnam, en la EDAR Nhieu Loc Thi Nghe de Ho Chi Minh City.
Él mismo se declara sorprendido de su desarrollo profesional dentro de la empresa: “He pasado de ser ayudante en un proyecto hace tres años y pico, a gestionar con el director el cierre de cinco proyectos. Es un salto tremendo. En ACCIONA te dan libertad para que te desarrolles, nadie te va a poner un stop. Yo al principio iba con mucho miedo, como con pies de bailarín”.
Quiero seguir creciendo, asumir más responsabilidad, moverme. No estoy cerrado a nada. El mundo es grande.
Sus consejos para las nuevas incorporaciones son claros: “No tengáis miedo a preguntar. La proactividad se valora muchísimo. El esfuerzo se reconoce”. Y sobre su propio futuro, mantiene la misma filosofía que le ha traído hasta aquí: “Quiero seguir creciendo, asumir más responsabilidad, moverme. No estoy cerrado a nada. El mundo es grande”.
La historia de Raúl no es solo la de un ingeniero trabajando en proyectos críticos en condiciones extremas. Es la de alguien que, desde muy pequeño, tuvo claro que quería saber cómo funciona el mundo.
Hoy ese niño que montaba Legos en Asturias ayuda a montar infraestructuras que garantizan agua a millones de personas, ya sea en el desierto de Arabia Saudí o en el sudeste asiático.
Su vida está hecha de una certeza: la ingeniería es una forma de aventura y hay que vivirla al máximo.