Tatiana Moura Portella: “Es maravilloso comprender que, gracias a tu trabajo, podrán ir a la universidad en media hora en lugar de dos horas y media”.

Tatiana Moura Portella es ingeniera técnica en ACCIONA en EE. UU. Apenas ha comenzado su carrera laboral, pero ya está cumpliendo su sueño de trabajar en infraestructuras de gran impacto como el metro de São Paulo o el canal de Fargo-Moorhead. 

Cuando Tatiana completó la entrega de llaves de un residencial de lujo en Brasil que ella había contribuido a edificar como parte de una beca en su carrera universitaria, tuvo un momento de clarividencia. ¿Era eso lo que quería hacer el resto de su vida? ¿Era esa la clase de impacto que quería tener? Y ahí dio un volantazo en el rumbo que estaba tomando que la dirigió al punto donde se encuentra hoy, en esta entrevista que nos concede desde una oficina de ACCIONA en Fargo, EE. U.U., donde ha logrado vivir una carrera profesional alineada con el impacto que ansiaba.

 

En esta entrevista nos habla de sus aspiraciones, de la profunda influencia que ejerció una de sus profesoras de ingeniería y del campo de posibilidades que ha abierto su trabajo en ACCIONA, incluyendo su implicación en la Línea 6-Naranja del metro de São Paulo, el mayor proyecto de metro de Sudamérica. Hoy te hablamos de Tatiana Moura y sus sueños. 

Al igual que Larissa Araujo, a la que entrevistamos recientemente, Tatiana es lo que podría denominarse una chica iXPA, el programa con el que ACCIONA forma a jóvenes talentos en proyectos globales. Es lo que le ha dado la oportunidad de dar el salto al proyecto del canal Fargo-Moorhead en EE. UU. “Disfrutar de unas buenas condiciones laborales en Brasil y poder viajar y experimentar otro país es un privilegio poco habitual a mi edad. ACCIONA está ayudando a muchos jóvenes a hacer sus sueños realidad”.

Se trata de una oportunidad que surgió al poco de comenzar su trabajo en el metro de São Paulo con ACCIONA. Los participantes en la iniciativa iXPA tienen contacto con distintos puestos y áreas de negocio. Y conocen a compañeros de trabajo que, en muchos casos, acaban siendo amigos. “En iXPA hablamos en términos de generaciones cada año. En mi generación hubo gente que se fue a Filipinas, España, Australia, Canadá y muchos otros sitios. Yo vine aquí a Fargo, en EE. UU.”. Es probable, nos dice, que siga en el proyecto como una trabajadora más una vez concluido el programa.

Muchos de los participantes del programa iXPA nos hemos hecho amigos. Es un tipo de conexión distinta a la de un compañero de trabajo normal.

También hace referencia al impacto personal del curso: “Todos tenemos la misma edad y muchos hemos acabado siendo amigos. Es un tipo de conexión distinta a la de ser únicamente compañeros de trabajo”. Es hora de que nos explique cómo y por qué acabó en iXPA. Y para eso, claro está, hay que remontarse más atrás.

Tatiana nos habla de su infancia en Florianópolis, una ciudad costera del sur de Brasil donde nació y creció a la orilla del mar. “Es un sitio precioso, una especie de isla gigante. Pasé toda mi infancia junto al mar, para mí la playa es una forma de terapia”. Allí sintió la primera llamada de la industria de la construcción. “Siempre me rondó la cabeza la idea de construir algo. Nunca fui una niña que jugase con muñecas; yo era más de construir sus casas”, dice con una gran sonrisa que no la abandonará durante toda nuestra conversación.

 

Nos da también unas pinceladas sobre las influencias que marcaron sus primeros años, especialmente la labor de su madre. “Mi madre solía trabajar en distintas organizaciones y ONG. Por ejemplo, dedicándose a la protección de la infancia o la vida salvaje”. Su madre, que también trabajaba peritando propiedades inmobiliarias, la educó asimismo en el valor del trabajo: “Siempre me decía que había que aprender rápido, y que hay que hacerlo desde niños para que luego la vida no resulte tan difícil”.

 

Y aquello no se limitaba a una formación teórica, sino que también la familiarizó con el mundo real: “Desde que tuve diez u once años, siempre la acompañaba en sus visitas a propiedades inmobiliarias con mi pequeña libreta para tomar notas. Si necesitaba diez dólares para salir por ahí tenía que trabajar para conseguirlos”.

 

En las tardes de playa frente al mar, se preguntaba por su futuro profesional, en ese mapa en blanco que es la vida por delante. ¿Sería acaso cocinera? ¿O quizá se dedicaría a la arquitectura? Y aquí es donde entró en juego la influencia de otro familiar. 

Estudiar ingeniería de caminos combinaba el deseo de construir algo y hacer algo bueno por el mundo.

Ya hemos visto que a Tatiana le gustaba aquello de construir cosas. Pero fue el consejo de su abuelo, ingeniero de caminos, lo que acabó de inclinar la balanza. “Me decía: ‘Tal vez deberías plantearte ser ingeniera de caminos. ¿Cómo lo ves?’. Y eso se me quedó grabado… al final comprendí que esa ingeniería era mi aspiración vital”. Y añade: “Así que fue una mezcla del deseo de construir algo y hacer algo bueno por el mundo, inspirada por lo que veía hacer a mi madre”.

 

Antes de eso, sin embargo, tuvo que hacer un curso de maduración acelerado: a los dieciséis años, por una serie de problemas familiares, se vio obligada a vivir en Portugal sola con su hermana. “Tuve que aprender a asumir responsabilidades y comportarme como una adulta desde muy joven. Fue duro y difícil, pero me ha convertido en la persona que soy, me ha ayudado a responsabilizarme de las cosas, a luchar y a ver la parte positiva de la vida”.

Tras la experiencia portuguesa, en la que también aprovechó para conocer algo más Europa, volvió a Brasil para estudiar la ingeniería que le había sugerido su abuelo. La familia también tuvo mucho que ver en la elección de su universidad. “Fui a Mackenzie, que es una universidad privada bastante reputada en São Paulo. Fui la sexta generación en mi familia en cursar estudios en ella”.

 

Allí, quizá alentada por la experiencia que había tenido en Portugal, se entregó al máximo a sus estudios, así como a labores extracurriculares: “Yo era un poco friki en la universidad, me apunté incluso a una Liga Académica", dice—una asociación dedicada al estudio, la investigación y la aplicación práctica de tecnologías del hormigón.

Nos habla también de su posición como mujer en una carrera STEM. “En la facultad había un 70 % de hombres por un 30 % de mujeres. Creo que mi generación en general es bastante abierta de mente. No es algo que resulte un problema. Sí que tuve alguna dificultad más en ese sentido cuando empecé a trabajar en una obra con hombres mayores”.

 

Pero volvamos a aquella profesora que le inspiró: “Lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que fuera una mujer. Ser una mujer en el mundo de la construcción y de la ciencia no es algo fácil. Eso es algo que se sabe. Y cuando ves a una mujer tan respetada por todo el mundo en la facultad… Era una profesora fantástica que llegó a ser decana”, nos cuenta.

Mi profesora era una mujer muy conocida, respetada y fuerte. Comprendí que es lo que quería para mi vida, la clase de persona que quería ser.

Se llamaba Patricia, recalca, y supuso un ejemplo crucial para ella. “Era una mujer muy conocida, respetada y fuerte. Comprendí qué es lo que quería para mi vida, la clase de persona que quería ser”.

 

Su trabajo de fin de carrera también estuvo vinculado a las infraestructuras de transporte: concretamente un nuevo tipo de asfalto permeable para carreteras que fuese más resistente. “Aunque no funcionó, nos pusieron un diez. Mi grupo y yo conseguimos la máxima puntuación porque explicamos la necesidad de este tipo de enfoque y los retos que había que afrontar”.

Como parte de su formación, antes de terminar la carrera Tatiana se embarcó en una beca que la llevó a trabajar en la edificación de un complejo residencial de lujo. “Me gustaba mucho mi trabajo, disfrutaba de las cosas que hacía”. ¿En qué consistía exactamente? “En la construcción residencial tu función es resolver problemas como mover una pared o rehacer algo. El cliente quiere una modificación o a lo mejor acaba de reventar una tubería. Siempre me gustó esa dimensión de resolver problemas”.

 

Una vez resueltos los retos que iban surgiendo en el día a día, la empresa completó por fin el proyecto y se hizo entrega de las viviendas. Y entonces Tatiana tuvo una iluminación. “Cuando entregabas un apartamento a alguien rico, una persona que no lo necesitaba, era muy distinto de entregárselo a alguien que sí lo necesitaba. Se percibe muy claramente lo distinto que es entregar un apartamento a alguien que lo recibe como su primera vivienda o que está formando una familia, y no a un inversor que ya tiene diez casas”

En mi primer empleo me sentía vacía. Quería hacer más cosas por la comunidad y por mí misma, quería viajar por el mundo y visitar nuevos lugares.

Ese fue el giro copernicano: “Me sentía vacía. Quería hacer más cosas por la comunidad y por mí, quería viajar por el mundo y visitar nuevos lugares, así que comprendí que tenía que hacer algo distinto”.

De acuerdo, volvamos a la entrega de llaves del residencial en el que había trabajado durante un tiempo y que la enfrentó a una encrucijada vital. Fue entonces cuando resonaron en su cabeza las palabras de aquella profesora que había sido su modelo en la universidad. “Hice un pequeño trabajo de investigación con ella y me habló de ACCIONA porque ella era profesora de infraestructuras. Y sabía que a mí me encantaba todo lo relacionado con las infraestructuras viarias y ese tipo de cosas. Me dijo: ‘Oye, quizá algún día, si te interesa hacer algo distinto o relacionado con este sector, prueba con ACCIONA’”.

ACCIONA aunaba todos mis objetivos de vivir en otro país, disfrutar de una experiencia distinta trabajando en infraestructuras y marcar una diferencia en el mundo.

De modo que se sentó frente a su ordenador y comenzó a navegar por la web. “No quería volver a ser becaria, pero vi que el programa iXPA ofrecía formación y luego la experiencia de trabajar en otro país. Primero iba a trabajar en la Línea 6-Naranja del Metro de São Paulo y luego pasaría a otro proyecto”. Y concluye: “Así que eso reunía todas mis aspiraciones en un solo lugar: tener una nueva experiencia en el trabajo de infraestructuras y marcar una diferencia en el mundo. Pensé que eso era lo mío”.

También alcanzó otra conclusión: “Me pareció que ACCIONA era lo mejor de dos mundos: una empresa privada preocupada por el bien público”. Así, decidió presentar su candidatura y, como ella misma dice, “el resto es historia”.

Tatiana utiliza el ejemplo de una infraestructura de transporte anterior para mostrar el contraste con una compañía como ACCIONA. “Lo que sucede con gran frecuencia, especialmente en São Paulo, que es una ciudad muy grande, es que las obras de infraestructuras comienzan y no se terminan”

Hasta la llegada de ACCIONA, costaba mucho terminar las obras de infraestructuras en São Paulo.

Y ofrece un ejemplo concreto: “Las obras de la otra línea de metro que hay aquí y pasa por mi universidad empezaron cuando mi abuelo estaba estudiando la carrera y ni siquiera mi hermana, que tiene treinta años, llegó a usarla. Yo fui la primera de mi familia que pudo usarla para ir a clase. Terminar una infraestructura en São Paulo siempre ha costado mucho”. ACCIONA ahora le daba la oportunidad de generar un impacto real y, a la vez, ganarse la vida con ello.

 

La posibilidad de generar ese impacto se materializó en la Línea 6-Naranja, donde entró en contacto con el mundo de las tuneladoras (TBM) trabajando junto con el equipo de control como ayudante del responsable de costes. Ella estaría detrás de tareas como reducir el tiempo de viaje a la universidad. O que una fábrica de dovelas para los túneles cuente con un 70 % de mano de obra femenina

Es maravilloso cuando alguien comprende que, gracias a tu trabajo, podrán ir a la universidad en media hora en lugar de dos horas y media.

“Hicimos un trabajo de voluntariado aquí para ACCIONA, yendo a escuelas públicas para hablarles de la importancia del proyecto. Era maravilloso verlos entender que podrían ir a la universidad en media hora en lugar de dos horas y media”. ¿Así que fuiste un poco una predicadora de ACCIONA? Rompe a reír ante el símil.

 

¿Y en qué consistía aquel primer trabajo? “Yo trabajaba en el equipo de control de las tuneladoras en calidad de becaria del ingeniero que se encargaba de los costes y los materiales de las tuneladoras. Aprendí mucho acerca de ellas y me gustó porque era un trabajo orientado a la resolución de problemas. Se trataba siempre de las necesidades de los demás: lo que había que comprar, lo que había que encontrar. Lo disfruté mucho”. Los trabajos en la L6 también le brindaron la posibilidad de participar en el área de arquitectura, en una oficina.  

Nuestra entrevistada se expresa con viveza y locuacidad, y una pasión contagiosa. Tanto es así que llevamos más de una hora conversando y exclama: “¡Me acabo de dar cuenta de que ni siquiera hemos hablado de Fargo todavía!”. Es hora de pasar a la segunda fase de iXPA en la que ahora se encuentra inmersa. Tras un año y medio implicada en el metro de São Paulo, llegó el momento de hacer las maletas para trasladarse a esta localidad estadounidense en Dakota del Norte.   

El canal de Fargo-Moorhead es una gigantesca infraestructura que permitirá prevenir las inundaciones provocadas por el desbordamiento esporádico del río Rojo que atraviesa la llanura entre Dakota del Norte y del Sur. El canal se construye excavando toneladas de tierra que luego se utilizan para construir dos diques de contención que, a su vez, quedarán cubiertos por árboles y arbustos. Así, la infraestructura quedará integrada en el entorno y acogerá flora y fauna locales. “También hay que construir los sumideros para que fluya el agua, además de puentes y carreteras”, añade. 

La gente me dice: ‘Si vivo en Fargo, en una zona inundable, pago un seguro más elevado. Y todos los años puedo perder mi casa’. Hay muchas historias similares por aquí.

¿En qué consiste su trabajo aquí exactamente? “Aquí ejerzo de ingeniera técnica trabajando en la parte de diseños de la oficina tecnológica. Fundamentalmente, lo que hago es comparar lo que se ha construido in situ y asegurarme de que se corresponde con las exigencias del diseño inicial. También estoy muy contenta con mi jefa, que es una mujer. Tener una mujer de jefa es un privilegio”. Tatiana retoma aquí el hilo del impacto positivo: “La gente me dice: ‘Si vivo en Fargo, en una zona inundable, pago un seguro más elevado. Y todos los años puedo perder mi casa’. Hay muchas historias similares por aquí”.

 

Y a las pérdidas económicas ocasionadas por las inundaciones se suman, por supuesto, las de vidas humanas. El contraste con aquel complejo de apartamentos de lujo que dejó atrás en Brasil no puede ser más acusado.

En esta nueva etapa vital tampoco ha perdido de vista el tipo de trabajo de voluntariado que llevaban a cabo su madre o su abuela. “Ahora mismo estoy ayudando en una perrera”, nos comenta.

 

Lo que peor ha llevado es el shock térmico, ya que en invierno se alcanzan mínimas de -30ºC. Junto con su pareja, otro ingeniero de caminos que se ha mudado con ella a la ciudad, se propusieron sacarle todo el jugo posible desde el primer momento. “Cuando llegué estábamos en verano y sabíamos que, cuando llegase el invierno, nos iba a costar quedarnos en casa, así que aprovechamos para salir todo lo que pudimos”.

Siempre me gusta entregarme a las cosas en mi vida y, para mí, ACCIONA es una forma de entregarme a la aventura.

Y prosigue: “Así que no pasamos ni un momento en casa. Cada día encontramos algo nuevo que hacer, ya sea jugar al voleibol en el parque, jugar al tenis o irnos de acampada. O bien visitar una ciudad a tres horas de distancia. Siempre encontramos algo que hacer. Siempre me he entregado a las cosas en mi vida y, para mí, ACCIONA es una forma de entregarme a la aventura”.

 

¿Y qué le queda por delante? “Cuanto más creces en una empresa, más puedes hacer, de modo que, por supuesto, me gustaría ascender profesionalmente y seguir haciendo algo positivo, siendo una buena ingeniera en el sector de la construcción. Y quién sabe, quizá algún día hasta participar en el programa de Homeward Bound. Ciertamente, eso encajaría a la perfección en su trayectoria profesional hasta la fecha: pasar a tener un impacto global gracias a una red internacional de mujeres implicadas en carreras STEM.