Si algo han tenido en común las tres revoluciones industriales que ha experimentado la Humanidad -la máquina de vapor, a finales del siglo XVIII, la electricidad y la combustión interna, en las postrimerías del XIX, y la computación en la segunda mitad del XX- ha sido la distinta capacidad de adaptación de las personas que vivían de su trabajo a los nuevos ecosistemas económicos que se generaron. La clave para la supervivencia en esta especie de ‘selección natural’ en el entorno laboral son las que David C. McClelland acuñó en 1973 como “competencias profesionales”, que constituyen uno de los pilares de la concurrencia en el ámbito empresarial.

Actualmente estamos en el prólogo de la cuarta revolución industrial, que avanza a un ritmo vertiginoso por la confluencia de la inteligencia artificial, el impacto de las redes sociales en la actividad económica, la tecnología móvil, la ciencia de los datos y el ‘internet de las cosas’. Todo ello producirá un nuevo cambio de paradigma respecto a las competencias profesionales. Y éste no es nada lejano: se calcula que el 35% de las habilidades demandadas por los empleadores cambiarán en el año 2020.

Es decir, seguirán estando vigentes habilidades básicas como el liderazgo, la comunicación, la colaboración y la gestión del tiempo, pero las empresas van a dar valor a otras de carácter técnico, como la programación, o de carácter no técnico, como la capacidad y disposición de los empleados para seguir aprendiendo (“velocidad de aprendizaje”).

Entre quienes se han arriesgado a precisar y a poner nombre a estas futuras e inminentes nuevas competencias profesionales destaca la Universidad de Phoenix, cuyo Instituto para el Futuro ha elaborado un decálogo de las que demandará el mercado laborar a partir de la próxima década:

  1. Sense-making: La habilidad para dar el sentido correcto a aquellos inputs de información que uno recibe.
  2. Inteligencia Social: La capacidad de conectarse con otros miembros de la organización de una manera directa y profunda para detectar y estimular interacciones deseadas.
  3. Pensamiento novedoso y adaptativo: la habilidad de saltarse las rutinas o las reglas formalmente establecidas para pensar y encontrar soluciones.
  4. Competencia intercultural: La habilidad para trabajar en diferentes entornos culturales, más allá del conocimiento de la lengua del país en el que se ubica el puesto de trabajo.
  5. Pensamiento computacional: La capacidad de reducir a conceptos abstractos grandes cantidades de datos y comprender el razonamiento basado en estos últimos.
  6. Dominio de innovadores medios de comunicación que usan las empresas, por ejemplo el vídeo, para la comunicación persuasiva.
  7. Transdisciplinaridad: dominio y/o habilidad para entender conceptos de distintas disciplinas.
  8. Mentalidad de diseño: La habilidad de representar y llevar a cabo procesos orientados a los objetivos. Esta competencia exige reconocer el tipo de mentalidad que requiere cada tarea.
  9. Gestión de la carga cognitiva: La capacidad de filtrar la información en función de su importancia y para saber cómo maximizar las funciones cognitivas mediante la utilización de distintas herramientas y técnicas.
  10. Colaboración virtual: La capacidad para integrarse en un equipo virtual de la manera más productiva posible.
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Como se puede ver, algunas de estas competencias profesionales emergentes no tienen que ver tanto con los conocimientos como con los rasgos de personalidad. Otras, son competencias que las personas pueden adquirir desde los primeros estadios de su formación académica. En este sentido, hay que subrayar que según los expertos, la mayoría de los niños que hoy van al colegio acabarán trabajando en profesiones que en la actualidad no existen y que exigirán estas nuevas habilidades.

Fuentes: Linkedin Blog Oficial; Foro Económico Mundial; CEREM; David C.McClelland y Universidad de Phoenix.

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