¿Por qué las decisiones son cosa de equipo?

Las verdaderas decisiones no salen de un despacho solitario, sino de una conversación fluida y con sentido mantenida en equipo.

¿Cómo se toma una decisión en un entorno laboral? Cuando pensamos en los momentos previos a un paso trascendental, nos imaginamos a la persona responsable a solas en un enorme despacho, con el ceño fruncido por la preocupación y el silencio acompañando sus pensamientos. Sin embargo, más allá de esta imagen casi cinematográfica, la realidad es que quien ha tenido que tomar una decisión importante, especialmente en el ámbito empresarial, sabe que rara vez se trata de un proceso único y solitario, sino más bien del resultado de un trabajo en equipo que toma una forma tan común como fundamental para nuestra vida: la conversación.

 

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

En los diálogos de Platón, el maestro Sócrates utiliza la técnica de la mayéutica para que los alumnos adquieran conocimientos. Este término, relacionado etimológicamente con la palabra «parto», consiste en guiar una conversación hasta que los interlocutores, contrastando puntos de vista y arrojando luz sobre contradicciones y sombras de sus opiniones, consiguen «parir» la preciada verdad. Así, se asume que el individuo no tiene acceso único a la verdad, sino que necesita de la ayuda de otros para poder llegar a ella. 

Sócrates asume que el individuo no tiene acceso único a la verdad, sino que necesita de la ayuda de otros para poder llegar a ella.

La conversación, particularmente con personas en las que confiamos, puede suponer un antes y un después en nuestro discernimiento y ayudarnos a saber lo que es verdadero o, en algunos casos, lo que necesitamos y lo que no. Aclarar nuestras ideas, verlas con perspectiva y observar qué factores, que para nosotros no son tan importantes, sí lo son para los demás, y viceversa, son elementos que, surgidos de la conversación, resultan clave para tomar una buena decisión. El método del saber desarrollado por Sócrates y puesto por escrito por Platón ha sido empleado por otros pensadores como Jacques Lacan, quien lo utilizaba en las sesiones de psicoanálisis con sus pacientes para que ellos mismos aclararan sus necesidades y su verdad particular. Hoy, la neurociencia nos enseña que conversar no es solo uno de los mayores placeres de la vida, sino también lo que marca la diferencia entre una decisión limitada y parcial y una decisión plena y fructífera.

La conversación, particularmente con personas en las que confiamos, puede suponer un antes y un después en nuestro discernimiento.

Mariano Sigman, referente mundial en neurociencia de las decisiones y comunicación humana, ha defendido en varias ocasiones el poder de la conversación a la hora de configurar nuestra cosmovisión y de mejorar nuestras decisiones. Aunque muchas de las decisiones sobre hacer o no hacer algo son tomadas de manera inconsciente, enunciarlas en voz alta y compartirlas con otra u otras personas puede transformarlas radicalmente. Hablar con los demás sobre la decisión que queremos tomar nos obliga a ser conscientes de lo que vamos a hacer, a ordenar las ideas y verlas desde fuera, identificando los puntos débiles de nuestros propios razonamientos y viendo las lagunas que puede haber en ellos. 

Eso sí, este proceso funciona siempre y cuando la conversación esté bien planteada y dirigida, al más puro estilo del «parto dialéctico» que defendía Sócrates. Para el neurocientífico, que describe la conversación como «una suerte de laboratorio en el que poner a prueba nuestras ideas», hablar es la única manera de ordenar y matizar nuestros razonamientos.

 

Pero una conversación en la que partimos del objetivo de convencer a otra persona de nuestros argumentos no sirve: la curiosidad, el querer «descubrir el mundo desde los ojos de otro», es lo que diferencia una mala conversación de una que avanza y resulta fructífera para los interlocutores.

 

Sigman también hace hincapié en la importancia de tratarnos bien a nosotros y entre nosotros, con el respeto como punto de partida necesario para que una conversación sea fructífera. Los distintos puntos de vista que un equipo puede ofrecernos, tanto si hablamos de presencia de distintas generaciones o de personas con diversidad funcional, garantiza que la decisión tomada en compañía es más plena y asentada en el mundo que la que tomamos si solo nos tenemos en cuenta a nosotros mismos y nuestra propia cosmovisión. Es importante desarrollar la empatía, la comunicación clara y la actitud aperturista para que los interlocutores sientan confianza y puedan, de forma sincera, aportar sus propias ideas y matices. Hacer un «elogio de la duda», como indica el neurocientífico, y entender que el conocimiento no está ni en nosotros mismos ni en los demás, sino en el camino intermedio, puede marcar la diferencia en todas nuestras decisiones.

 

Nadie es poseedor de la verdad, pero nadie carece de ella. Por eso, y como nos han indicado maestros desde Sócrates hasta Sigman, las decisiones no son cosa de un despacho solitario, sino de un equipo diverso que, en un lenguaje claro y con confianza, expone sus diversos puntos de vista para llegar al hermoso parto del conocimiento. 

Licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Oviedo, desarrolla una mirada reflexiva hacia los grandes retos sociales y empresariales en sus artículos. Actualmente es editora en la revista Ethic, donde escribe, entre otras cosas, sobre liderazgo, productividad o transformación social y laboral.