La conciliación trabajo-familia, a pesar de estar en boga, ha sido tratada como un tema menor. Es cierto que es fácil encontrar reflexiones y artículos en los medios de comunicación, así como un interés genuino por parte de muchos gobiernos y organizaciones, no obstante, la conciliación trabajo-familia sigue jugando en ligas inferiores. Se dedican pocos recursos, es a menudo un tema para mañana, y se asocia con demasiada facilidad a un menor compromiso con la organización, con familia, y con mujer.

Lejos de esto, la conciliación trabajo y familia es disponer de autonomía para gestionar nuestros roles, y poder desarrollarnos plenamente en ellos. Esto nos interpela a todos, y conseguirlo o no conduce a una hermosa constelación de beneficios o a un largo listado de problemas personales, organizativos y sociales. Quizás es un tema light, pero sus implicaciones son hard.

La falta de equilibrio trabajo y familia es un problema social

Wright Mills distinguía entre los problemas individuales y sociales. Sugería que si hay un solo parado en un país es un problema individual, si hay más de tres millones es un problema social.  Si hay un solo niño obeso en un país es un problema individual, si un tercio de los niños sufren obesidad es un problema social. Si hay una sola persona que sufre falta de equilibrio trabajo y familia es un problema individual, si la mitad de la población lo sufre es un problema social.

Para solucionarlo es necesario que cada actor social haga lo que esté en sus manos para suavizar la problemática, y dar lugar a la constelación de beneficios personales, organizativos y sociales. Este artículo explorará los beneficios de la conciliación trabajo y familia a nivel personal.

 

El equilibrio trabajo-familia visto como un conflicto

La literatura académica sobre conciliación trabajo y familia ha crecido exponencialmente en las últimas cinco décadas, sobre todo después de la entrada masiva de la mujer en el mercado laboral (remunerado) que obliga a repensar cómo nos organizamos. Desde aquel momento, un gran número de libros[1] [2] [3], artículos académicos, asociaciones y congresos,  y revistas especializadas han proliferado.

Como indicábamos en el artículo repensar el trabajador ideal, la noción de equilibrio trabajo y familia se desarrolló en lo negativo, en vez de lo positivo. Fueron Greenhaus y Beutell quienes en 1985 acuñaron el concepto[4], y lo definieron como un conflicto entre roles donde las demandas laborales y familiares son incompatibles en algún aspecto. Según los autores, el conflicto trabajo y familia puede tener tres formas: conflicto basado en el tiempo, conflicto basado en la tensión, o conflicto basado en el comportamiento.

– El conflicto basado en el tiempo sucede cuando dedicar tiempo excesivo en un rol implica no poder dedicar el tiempo necesario a otro rol.

– El conflicto basado en tensión implica que la tensión generada en un rol no permite la satisfacción de las demandas en otro rol. Por ejemplo, estar absorto por un problema en el trabajo o en la familia, no permite concentrarse en el resto de responsabilidades fuera de los laboral, aun disponiendo de tiempo.

– El conflicto basado en el comportamiento sucede cuando las expectativas de comportamiento en los dos roles son opuestas. Por ejemplo, tener que ser frío, rígido y competitivo en el trabajo, y cálido, emotivo, y generoso en casa.

Sea cual sea su forma, sufrir conflicto trabajo y familia tiene un precio.