Sofía es manager desde hace dos años. Durante este tiempo, el rendimiento de su equipo ha sido excepcional. ¿Cuál es su secreto? Una gestión basada en procurar el bienestar de sus empleados y en fomentar buenas relaciones entre los miembros de su equipo. Además, aunque es una líder firme, sabe que mostrar vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad.

Por otro lado, sabe explotar el talento de cada miembro de su equipo, trata siempre de sacar lo mejor de cada uno de ellos y elogia los logros que van consiguiendo. En definitiva, Sofía es una manager que sabe de liderazgo emocional.

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

¿Qué es el liderazgo emocional?

 “Los individuos no son islas emocionales aisladas; cuando las personas acuden al trabajo, también llevan consigo sus rasgos, estado de ánimo y emociones”, apuntan Sigal Barsade, profesora de gestión de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Filadelfia, y Donald E. Gibson, experto en resolución de conflictos.

A lo largo de la semana (¡o de un día!) nos enfrentamos a imprevistos que pueden desconcentrarnos, estresarnos, impacientarnos, entristecernos, etc.

En este sentido, el liderazgo emocional se basa en conocer y saber gestionar nuestras emociones y las de nuestro equipo. Es un enfoque centrado en las personas y en cómo nos relacionamos entre nosotros con el objetivo de promover los mejores resultados.

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“El liderazgo emocional se basa en conocer, controlar y gestionar nuestras emociones”

 

Tanto las emociones, como el estado de ánimo y el temperamento de los profesionales afectan a los objetivos, la toma de decisiones, la creatividad, la retención del talento, el liderazgo y el trabajo en equipo. Y todo porque las emociones “se contagian” entre los miembros de una organización. Somos capaces de percibir cómo se siente el resto y esas emociones pueden afectarnos.

 

¿Cómo debe ser un líder emocionalmente inteligente?

El concepto de buen líder debe ir vinculado necesariamente al liderazgo emocional. La forma en que un responsable percibe, comprende y maneja sus propias emociones y las emociones de los demás es extremadamente importante. De hecho, es una de las diez habilidades principales del Foro Económico Mundial del panorama laboral del futuro.

Las personas que llevan a cabo una gestión basada en el liderazgo emocional son conscientes de su impacto en los demás. Saben que su estado emocional influye mucho en la toma de decisiones, el aprendizaje y el rendimiento de su equipo. Y lo utilizan a su favor. Emplean este rasgo para generar emociones positivas entre sus compañeros y ayudarlos a lograr buenos resultados de la forma más eficiente posible.

Entienden que las emociones contienen información valiosa sobre las personas de las que se rodean y están abiertos a utilizarla para facilitar la resolución de problemas y la creatividad. En resumen, captan los sentimientos de los demás y guían estratégicamente su estado de ánimo para que se adapte mejor a lo que se requiere para un desempeño óptimo en una tarea determinada.

 

“Las emociones contienen información valiosa sobre las personas que puede ser útil para facilitar la resolución de problemas y la creatividad”

 

Los 5 requisitos de un liderazgo emocional efectivo

La inteligencia emocional va más allá de ser empático o saber escuchar. De hecho, los líderes emocionalmente inteligentes cumplen con estos 5 criterios:

* Búsqueda del bienestar de los compañeros: es importante que las personas que conforman un equipo se sientan bien en su entorno laboral. Emociones como la ira o la tristeza absorben toda la atención de los individuos y obstaculizan que puedan atender óptimamente las situaciones laborales. Actualmente, muchas organizaciones y empresas se esmeran por crear y mantener entornos agradables.

Ya sea con estrategias que reformen la cultura organizacional para fomentar entornos y relaciones creadoras, como, simplemente, con pequeños gestos que impulsen el bienestar de los miembros de su equipo. En este sentido, el líder tendrá un papel crucial a la hora de inspirar, gestionar conflictos y fomentar el trabajo en equipo.

* Muestran su vulnerabilidad cuando es conveniente. Los líderes, pese a la responsabilidad que acarrean, son personas que sienten, y que a veces cometen errores y necesitan ayuda. Mostrarse tal y como uno es aumenta la identificación del grupo con el líder, los niveles de confianza y genera estados positivos en el resto de compañeros, como vimos en este artículo.

* La comunicación tiene un papel crucial. En el liderazgo emocional, la forma en la que nos dirigimos a nuestro equipo ya sea por mensaje, videollamada o en persona, tendrá mucho peso en el clima emocional que generamos.

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Una frase malinterpretada o con un tono inadecuado puede dañar la relación entre dos personas o afectar al desempeño laboral del equipo. Sin embargo, este punto también incluye tener la capacidad de transmitir como responsable del grupo comentarios difíciles o críticas de manera adecuada y empática.

 

“Las emociones pueden ser una fuente de riqueza relacional muy valiosa si son cuidadas y atendidas”

 

* Saben cómo motivar a su equipo. Y esto está directamente relacionado con el punto anterior. Una palabra de ánimo en el momento adecuado o felicitar un esfuerzo o el trabajo bien hecho pueden suponer un gran impulso a la productividad y al compromiso de la plantilla.

* Saben explotar el talento de cada miembro de su equipo. Se preocupan por distinguir las singularidades de cada persona, qué tipo de acercamiento necesitan, cómo abordan los conflictos, encajan los imprevistos… Y con esa información fruto de la observación y la empatía, intentan sacar lo mejor de cada uno de ellos en determinadas situaciones.

* Conocer y saber gestionar nuestras emociones nos permite adaptarnos a determinados momentos. Enfrenarse a situaciones desagradables o tensas y tener que subrayar que algo no está bien hecho forma parte del trabajo de un líder. Si abordamos estas situaciones desde el liderazgo emocional sabremos digerirlas de forma relajada y no nos dejaremos llevar por emociones que puedan desencadenar una mala reacción.

En la oficina, como pasa en la vida, no todo son números y fríos datos. Las emociones pueden ser una fuente de riqueza relacional muy valiosa si son cuidadas y atendidas. Entenderlas y saber utilizarlas a nuestro favor no solo nos ayudará a conseguir los mejores resultados, sino que también mejorará nuestra relación con los demás y nos ayudará a construir un cultura organizacional basada en el respeto, en la comprensión de cada persona y en el principio fundamental de que el centro de una compañía son las personas que la conforman.

 

Fuentes: