Dime qué tipo de profesional eres y te diré qué tecnología necesitas

Cada profesional tiene su ecosistema digital. Algunos buscan orden, otros inspiración o conexión. La tecnología revela, más que nunca, nuestro ADN laboral.

Solía decir Pitágoras que «con orden y tiempo se encuentra el secreto de hacerlo todo, y de hacerlo bien». Dos virtudes que, en plena era digital, han encontrado un nuevo aliado: la tecnología. Hoy, las herramientas digitales ya no son simples soportes para gestionar tareas, sino extensiones de nuestra forma de trabajar, pensar y relacionarnos.

 

Según el  Instituto Nacional de Estadística, el 66,2% de los empleados en empresas de más de diez trabajadores utiliza el ordenador como herramienta principal, y la cifra crece cada año. Pero el verdadero salto ha llegado con la irrupción de la inteligencia artificial (IA) donde cada vez más personas la emplean para agilizar procesos, analizar datos o generar contenidos, según se desprende del estudio AI at Work 2025: Momentum Buids, But Gaps Remain, publicado por Boston Consulting Group. En un entorno donde la tecnología redefine la productividad, desenvolverse con fluidez digital se ha convertido en una habilidad esencial.

 

¿Qué voy a leer en este artículo?

En este contexto, existen perfiles que se adecúan a las tecnologías y viceversa. Las herramientas que elegimos dicen mucho de nosotros: del profesional metódico que vive entre hojas de cálculo al creativo que piensa en imágenes; del estratega que mide el impacto de cada decisión al colaborador que no concibe el trabajo sin una videollamada abierta. Cada tipo de profesional encuentra su reflejo en un ecosistema digital distinto, donde la tecnología no solo facilita el trabajo, sino que revela nuestro estilo y manera de entenderlo.

Hay profesionales que encuentran calma en el orden. Su jornada se estructura como un tablero de ajedrez donde cada tarea tiene su casilla, cada reunión su hora exacta. Para ellos, planificar no es solo una cuestión de eficiencia, sino una forma de pensar. En su universo laboral no falta un calendario digital (ya sea el de Google o Outlook) donde no solo se registran citas, sino que se visualizan los tiempos, las prioridades y las disponibilidades del equipo.

 

Herramientas como Monday.com,  Basecamp o Asana son sus aliadas naturales pues son plataformas que permiten establecer plazos, coordinar proyectos y automatizar tareas para que nada quede al azar. En ellas, la planificación se convierte casi en una ciencia donde los procesos fluyen, los objetivos se cumplen y la mente se libera para pensar con claridad. El planificador busca en la tecnología un aliado que refuerce su mayor virtud: la capacidad de anticiparse. Porque para este tipo de profesional, la productividad no consiste en hacer más, sino en organizar mejor.

El planificador busca en la tecnología un aliado que refuerce su mayor virtud: la capacidad de anticiparse.

Los perfiles más creativos tienen una mente que nunca se detiene. Donde otros ven desorden, ellos ven posibilidades. Por eso sienten debilidad por herramientas que les permitan visualizar ideas y conectar pensamientos sin perder la espontaneidad del proceso. Plataformas como MindMeister o Mindomo transforman las «tormentas de ideas» en mapas mentales donde el pensamiento fluye con libertad y se vuelve visible. No solo sirven para estructurar conceptos complejos, sino también para dar forma estética al pensamiento, incorporando imágenes, enlaces o incluso música que inspira nuevas asociaciones. 

 Y como las buenas ideas pueden aparecer en cualquier momento (en el metro, durante una reunión o a las tres de la mañana), los creativos recurren a sus inseparables cuadernos digitales. Aplicaciones como Evernote, OneNote o Notion funcionan como auténticos laboratorios personales ya que permiten grabar notas de voz, transcribir texto manuscrito con ayuda de la inteligencia artificial, archivar páginas web o hacer anotaciones directamente sobre ellas. En este caso, la tecnología no sustituye la creatividad sino que la amplifica. 

Hay profesionales que necesitan medir para entender y su terreno natural son los datos, las métricas y los informes que convierten la intuición en evidencia. Para ellos, el tiempo se gestiona , pero sobre todo se cuantifica, analiza y optimiza. Aplicaciones como Toggl Track o RescueTime les ayudan a visualizar cómo emplean cada minuto de su jornada, detectar patrones y ajustar hábitos para ganar eficiencia. Estas herramientas no solo registran horas, sino que ofrecen informes detallados que muestran en qué tareas se rinde más o dónde se pierde concentración, una información clave en entornos donde la productividad se mide con precisión.

 

Pero su curiosidad va más allá del cronómetro ya que los analíticos encuentran placer en la estructura: las hojas de cálculo son su lienzo, y programas como Tableau su caja de herramientas. Con ellas pueden conectar fuentes de datos, generar visualizaciones interactivas y diseñar paneles personalizados que transforman números en conocimiento accionable. En la era del big data y la inteligencia artificial, su papel es más relevante que nunca pues son quienes convierten la información en estrategia. El analítico busca en la tecnología algo más que eficiencia: busca claridad. Porque, como decía Peter Drucker, «lo que no se mide, no se puede mejorar». Y ellos, más que nadie, han hecho de esa máxima su brújula profesional.

El analítico busca en la tecnología algo más que eficiencia: busca claridad

En todo equipo hay una persona que busca escuchar todas las voces antes de tomar una decisión. Cree en la inteligencia colectiva y en que las mejores ideas no surgen de un genio aislado, sino de una conversación bien construida. Para este perfil, la tecnología es un puente entre personas y herramientas como SurveyMonkey, Google Forms o Typeform son sus aliadas para tomar el pulso a la opinión del grupo, organizar votaciones o recabar ideas de forma ágil y visual. Con ellas, las decisiones se vuelven más transparentes y participativas. Y para coordinar agendas (esa tarea que tantas veces retrasa los proyectos), recurren a Doodle, una aplicación sencilla pero eficaz que consigue lo imposible: poner de acuerdo a todo un equipo sobre una fecha.

 

Los colaborativos también apuestan por herramientas como Zapier, que permiten integrar aplicaciones y automatizar tareas sin necesidad de conocimientos técnicos, conectando a todo el equipo sin excluir a nadie por falta de experiencia digital.

 

En un entorno laboral cada vez más distribuido y diverso, este tipo de profesional se convierte en el tejido invisible que mantiene unida la red. El colaborativo entiende que la tecnología solo tiene sentido cuando facilita la conexión humana, ya que al final, su objetivo no es tanto coordinar tareas como crear comunidad.

Hay profesionales que hacen que los equipos funcionen como un engranaje preciso. Más allá de las tareas, lo que gestionan es energía, motivación y comunicación. Ya sean líderes formales o responsables de proyectos, saben que un buen flujo de trabajo empieza por una buena conexión entre las personas. Para ellos, herramientas como Microsoft Teams o Slack son mucho más que plataformas de mensajería, pues en ellas confluyen videollamadas, chats temáticos, intercambio de archivos y canales de equipo, creando un entorno digital donde la colaboración es constante. Los que piensan de forma visual recurren a Trello o Asana, donde los tableros y tarjetas permiten asignar tareas, establecer plazos y hacer seguimiento sin tener que preguntar a cada momento. Todo fluye en una misma interfaz, transparente y compartida. Y cuando el proyecto requiere diseñar ideas de forma simultánea, Miro entra en escena con una pizarra digital flexible que facilita el trabajo en tiempo real, los esquemas y la cocreación. El líder colaborativo busca en la tecnología claridad y conexión, no para controlar, sino para acompañar. 

El líder colaborativo busca en la tecnología claridad y conexión, no para controlar, sino para acompañar.

Hay profesionales que compiten, ante todo, consigo mismos. Les motiva superarse, afinar su enfoque y encontrar pequeñas mejoras diarias que marcan la diferencia. Para ellos, la tecnología es una especie de entrenador silencioso que les ayuda a medir, corregir y avanzar.

 

Aplicaciones como Be Focused (basada en la técnica Pomodoro) o Bitrix24, que combina gestión de proyectos con seguimiento del rendimiento personal, se han convertido en aliadas de quienes buscan optimizar su tiempo y cumplir objetivos sin perder equilibrio mental. Estas herramientas permiten establecer cronogramas, medir progresos y convertir la productividad en un hábito, no en una presión. A su lado, herramientas como Todoist funcionan como auténticos centros de mando donde fijan objetivos semanales y priorizan lo importante frente a lo urgente.

 

Otras, como Clockify, les ayudan a entender en qué se va realmente el tiempo, mientras que aplicaciones de gamificación como Habitica convierten la productividad en un juego de superación personal.

 

En definitiva, la tecnología no define quiénes somos, sino que revela cómo elegimos trabajar. Cada herramienta, desde un calendario compartido hasta un asistente de inteligencia artificial, refleja una manera distinta de entender la productividad, la colaboración o la creatividad. Lo verdaderamente transformador no es dominar todas las aplicaciones, sino usar las adecuadas para potenciar lo que nos hace únicos como profesionales.

Esther Peñas es periodista y autora de varios ensayos y novelas. Es colaboradora en medios como Ethic, Turia, CTXT, Cermi.es, Oxi-Nobstante y Graphic Classics. Actualmente, trabaja en Fundación ONCE, donde se enfoca en temas de diversidad, liderazgo activo y trabajo en equipo, con un claro compromiso con la inclusión en el entorno profesional. Su experiencia abarca tanto la gestión de proyectos como el desarrollo de capacidades en entornos colaborativos, destacando por su enfoque en la productividad y el empoderamiento de los equipos.