A veces parece como si la realidad se confabulase para dotar de valor simbólico a los acontecimientos. Es un poco lo que nos sucede al comenzar nuestra entrevista con Fernando Mínguez: justo hoy, da la casualidad de que “cumplo treinta y cinco años en ACCIONA”. Un momento en el que es casi inevitable mirar por el espejo retrovisor de una carrera profesional, aunque Fernando siga plenamente arraigado en el presente con su trabajo en la Línea 6 del metro de São Paulo, desde donde mantiene esta conversación con nosotros.
Es todo un privilegio poder hablar con alguien que es historia viva de las infraestructuras y que ha cabalgado la evolución de los procesos constructivos desde finales del siglo XX. El tiempo, nos dice, ha pasado volando. “Cuando entré recuerdo que daban una bandeja de plata por los treinta y cuatro años en la empresa y nos parecía muchísimo tiempo, y mírame ahora”.
Hoy cumplo treinta y cinco años en ACCIONA.
Y, sin embargo, a medida que hablamos con él de los grandes proyectos en los que ha estado implicado en todo el mundo, de su primera obra hidráulica al lado de una presa, de aquel túnel de Doukkala en Marruecos, de la réplica de la cueva de Altamira, de los túneles ferroviarios en Bolonia o en la supervisión de proyectos en Gabón, Portugal, Mexico, Suecia, Polonia y Cabo Verde, entendemos que ese tiempo ha sido fructífero y que ha dejado un legado tangible.
Cuando construyes algo, ves que está ahí, que ha quedado para el futuro. Y cuando pasas por delante, dices: ‘Esto lo construí yo, aquí estuve yo’. Y esas experiencias las cuento a mis hijos.
“Yo disfruto construyendo, organizando, programando, viendo que las cosas salen adelante, pero luego ves algo que ha quedado ahí, que está ahí y queda para el futuro. Y cuando pasas por delante, dices: ‘Esto lo construí yo, aquí estuve yo’. Y esas experiencias las cuento a mis hijos”. Procedamos sin más dilación porque treinta y cinco años de trabajo infatigable no se van a contar solos.
La Línea 6 de metro de São Paulo es una de las obras más significativas de ACCIONA y el mayor proyecto de su clase en Sudamérica. No sorprende, pues, que varios de los perfiles que han desfilado por esta sección trabajasen en su desarrollo. Ingenieros como Arthemus Pugliesi o Larissa De Araujo, entre otros, nos han contado lo que es un proyecto destinado a transformar una megalópolis como São Paulo. Esta es, por ahora, la última estación de Fernando. “Llegué aquí en octubre de 2020, justo en plena pandemia, para incorporarme al proyecto en mi primera experiencia con ACCIONA en concesiones después de años en construcción, para hacerme cargo de la dirección técnica”.
Mi principal labor es el seguimiento de todos los contratos que tienen que ver con la construcción para la puesta en marcha de las operaciones
Al poco de llegar pasó a ejercer como director ejecutivo. “Mi principal labor es el seguimiento de todos los contratos relacionados con la construcción, para llegar a ponerlo en operación en los cinco, seis o siete años que dura el proyecto constructivo”.
Esta labor supone supervisar el trabajo de ACCIONA para que el proyecto esté “listo para ser operado en precio, en plazo y en calidad” y dar la cara de ACCIONA frente al cliente final, que es el Estado de São Paulo. De forma resumida, la mirada de Fernando se posa sobre todas las áreas del proyecto, exceptuando la financiera, de forma transversal.
Y empieza a enumerarnos algunas de sus tareas: aprobación de los proyectos, certificación de material rodante, certificación a la constructora, pagos a contratistas, control del cronograma, vigilancia de la calidad, monitorización de la seguridad y el cumplimiento de normativas medioambientales… Una comprensión del proceso constructivo que solo se alcanza tras una larga trayectoria. “Mi función dentro de la fase de construcción se completará en octubre de 2027. En esa época ya estaré cerca de los 65, así que ya veríamos qué sería lo próximo”.
Comenta que estos proyectos pueden durar un mínimo de cinco años por lo que quizá este sea su último baile, tal como se bautizó aquella temporada postrera de Michael Jordan en los Chicago Bulls, aunque a él le sobran energías y ganas para muchos más. Porque Fernando también ha jugado en la élite, aunque hablemos de la liga de las infraestructuras.
Hay vidas que requieren cambiar de rumbo para alcanzar su destino, tal como nos contaba Claudia Montenegro, que encontró su vocación cumplidos los cuarenta. Otras, sin embargo, siguen un camino trazado con compás y cartabón. Ese es el caso de Fernando.
“Nací en Madrid en 1963 en una familia de clase media. Tengo tres hermanas. Mi padre era profesor de colegio y mi madre administrativa en una residencia de ancianos”, nos explica en un escueto resumen de su trasfondo familiar. “Yo era buen estudiante y entré en la universidad para hacer Caminos. No quería hacer otra cosa. No puse ni Industriales como segunda opción por si acaso, sino Obras Públicas, que era otra vía de acceso. Para mí es una vocación, me encanta construir”, dice hablando de forma precisa, sin rodeos, como alguien acostumbrado a medir tensiones estructurales.
De pequeño, mi sueño era hacer la presa más grande del mundo.
Intentamos sonsacarle algo más acerca de aquella vocación tan nítidamente delimitada. “¿Por qué hice Caminos o por qué me gustaba la construcción desde pequeño? Pues mi juego favorito eran los mecanos; hacer construcciones de cualquier tipo, puentes, cosas que se movían. Mi sueño era hacer la presa más grande del mundo”, evoca. De hecho, su proyecto de fin de carrera fue el recrecimiento de una presa, la de Torre de Abraham en el río Bullaque. Sin embargo, también hubo otra vivencia que encauzó su biografía personal y profesional.
“Hubo algo que considero que marcó mi vida. Me metieron de pequeñito en un grupo de los Scouts, tal como se llamaban. Ahí me marcó el trabajo en equipo, el esfuerzo, la coeducación, los valores y la responsabilidad”. Y nos resume su trayectoria: “Ahí estuve mucho tiempo como jefe de patrulla, como jefe de unidad, también como jefe de grupo, como formador de equipos y luego delegado presidente de todos los scouts de Madrid”. Fue un trabajo en el que estuvo implicado desde los ocho a los treinta y tres años.
Me encantaba construir. Y luego liderar equipos como jefe de grupo de los Scouts. Así que cuando empecé a trabajar ya tenía experiencia en la coordinación de equipos.
Fernando recuerda campamentos de verano supervisando la construcción de las cocinas, de los comedores, de las letrinas y las duchas. “Me encantaba construir. Y luego liderar equipos como jefe de grupo. Así que cuado empecé a trabajar ya tenía experiencia en la coordinación de equipos, es algo que me ayudó mucho”.
Ya hemos comentado que el camino de Fernando estaba claramente marcado. Y su llegada a ACCIONA siguió esa misma estela inevitable. “Antes de terminar la carrera, cuando me quedaban algunas asignaturas, estuve trabajando en un estudio de ingeniería en Madrid. Y el día que terminé pedí una cita de trabajo con Entrecanales y Távora, tal como se llamaba ACCIONA en esa época. En cuanto recibí el título entré a trabajar. Era otra época y hacían falta ingenieros de caminos para acometer todas las obras del 92”. Era un 19 de noviembre de 1990. Ese joven recién licenciado tenía un sueño: construir grandes infraestructuras.
“Me dijeron que me tenía que incorporar en una autovía, la autovía de Honrubia a la Roda en La Mancha, y allí me fui con mi maleta; es donde empezó mi trayectoria en la empresa hasta hoy”. En esa obra también cumplió otro rito de paso: “Ahí conocí a la mujer con la que me casé y con la que he tenido mis tres hijos”. Dos de ellos, como hemos anticipado, son arquitectos que trabajan en ACCIONA y el otro está peleando para ser ingeniero de caminos también.
Mi siguiente proyecto fue una obra de emergencia sin proyecto previo; Madrid se estaba quedando sin agua y había que hacer un trasvase desde el pantano de San Juan al de Valmayor.
“Fue una obra bastante interesante, muy bonita, que está todavía ahí y por la que paso con frecuencia”. En esa autovía de pavimento de hormigón, nos dice, ya estaba de jefe de oficina técnica y control de calidad. Tras dos años le llamaron para acometer una obra de emergencia, esta vez como jefe de obra. “Fue un bautismo de fuego porque era una obra sin proyecto ni nada; Madrid se estaba quedando sin agua y había que sacarla del pantano de San Juan y llevarla a Valmayor, lo que se conoció como el trasvase Picadas-Valmayor”. Ese proyecto, que le exigió una entrega absoluta, fue una verdadera “mili” para él.
Tras completar su desafiante trabajo en la presa y algunas obras como un aparcamiento en el barrio madrileño de Ríos Rosas, una carretera en Santos de la Humosa y un tramo pequeño de la Autovía Vía del Culebro, llegó una llamada que prometía emociones fuertes. “Me llamaron cuando estaba de viaje de novios y me dijeron que me tenía que incorporar en una obra que se llamaba el túnel de Doukkala en Marruecos, que era la persona idónea, a pesar de que yo no tenía ni idea de túneles. Me casé el 10 de septiembre de 1994 y el 10 de octubre ya estaba en Marruecos”.
Cuando Fernando habló de los planes para vivir allí le informaron de otro detalle: no había nada, tendrían que construir un poblado como en un wéstern de John Ford. “Ahí construimos un campamento para cuatrocientas personas locales y para unos sesenta expatriados. Y entonces ahí pasé cuatro años con mi mujer y mi hija, que nació en España, pero se vino después y a punto de nacer mi segundo hijo”.
El campamento solo era la fase preliminar, claro está. “En cuatro años hicimos un proyecto de 13 km de túnel. Tuvimos que abrir una cantera para producir el material. El material lo llevamos a un secundario para producir la grava, las arenas, todo. El agua la captábamos con un sistema de bombeo del río y la filtrábamos para suministro a las casas que construimos allí y a las necesidades de la obra”. Ah, y también hubo que montar una tuneladora Robbins traída de EE.UU. Y aprender francés a marchas forzadas mientras tanto.
Luego, en faena, si había algún desafío, no había otra persona en muchos kilómetros a la redonda que pudiese solventarlo. “Recuerdo que a veces venía un vigilante a las 3:00 de la mañana diciendo: ‘Monsieur Mínguez, monsieur Mínguez, tenemos un problema’”.
Fue como crear un pueblo desde la nada: construimos hasta una mezquita para los trabajadores locales.
Fernando recuerda también el ambiente comunal que se respiraba. “Mi mujer, mi hija y yo vivíamos en una casita de planta baja, pero no teníamos ni cocina. Era todo en una cantina porque no podías ir a comprar; llegaban los suministros a la cantina y allí comíamos, desayunábamos y cenábamos todos los trabajadores juntos, expatriados y mandos locales”. Fue como crear un pueblo de la nada, ¿no? “Sí, tuvimos que construir hasta una mezquita para que los trabajadores locales pudiesen rezar”.
En esa convivencia de cuatro años se crearon lazos de por vida. “Allí la gente eran todos mayores que yo. La mayoría han fallecido, pero sigo teniendo contacto con algunos de aquellos mayores y algunos de los jóvenes. Todavía pasados ya tantísimos años nos felicitamos en Navidades”.
Tras completar con éxito la etapa marroquí, y coincidiendo con la fusión que daría lugar a la actual ACCIONA, Fernando fue nombrado director de departamento en Cantabria. “En su momento creo que fui el directivo más joven de la empresa, o eso me dijeron”. Con este nuevo puesto, pasó desde las tierras áridas de Marruecos a los montes cántabros. “No fueron obras excesivamente grandes, pero la más significativa fue el edificio de la réplica de las cuevas de Altamira”. Por entonces, los técnicos ya habían desaconsejado que se mantuviesen abiertas al público, dado que las visitas podían poner en peligro unas pinturas que son Patrimonio de la Humanidad.
[En Altamira] tuvimos que excavar con mucho cuidado para evitar que las vibraciones afectasen a las cuevas colindantes.
“Nosotros construimos todo el contenedor, lo que se llamaba la neocueva. La idea del arquitecto fue crear un edificio enterrado donde se veía muy poco desde la superficie, apenas una cubierta con vegetación. Lo primero que hubo que hacer fue excavar con mucho cuidado para que las vibraciones no afectasen a las cuevas originales colindantes”, rememora.
Procede a explicar el complejo proceso constructivo: “Para ello se utilizó cemento expansivo en lugar de voladuras: hacías unos taladros e inyectabas el cemento que, al aumentar de volumen resquebrajaba el suelo y ya se podía retirar y cargar. Y luego construir un edificio dentro de esa excavación, enterrado con su arquitectura, con sus grandes salas, con sus grandes vanos. Fue algo muy interesante”.
Sin embargo, no llegó a completar el proyecto. Y no por falta de ganas o capacidad, sino porque lo reclamaron para otra infraestructura donde el legado cultural y artístico también pesaba grandemente: un túnel en las entrañas de la ciudad italiana de Bolonia para llevar la alta velocidad ferroviaria desde Milán hasta Nápoles.
“Estábamos con los remates y ya me llamaron. Creo que fue un jueves y me dijeron: ‘Mañana te quiere ver el director de internacional aquí en Madrid’”. Al día siguiente le explicaron su siguiente aventura. Habían pensado en él por su experiencia en el túnel marroquí. “Piénsatelo, hoy es viernes, dame la respuesta el domingo porque el lunes lo tenemos que comunicar a los socios”, le dijeron. Por si a alguien le cabía alguna duda, Fernando, tras consultarlo con su esposa, dijo que sí.
La familia al completo se mudó a Italia con los retos lingüísticos que aquello suponía. “Recuerdo que al llegar compré unas revistas que tenían el nombre de "Aprende italiano, é facile e divertente" y a los dos meses fui a una academia y cuando les dije que quería aprenderlo me dijeron que ya lo hablaba”. En poco tiempo, pues, sumó el italiano al francés que cultivó en Marruecos y antes del portugués que ha aprendido recientemente en Brasil. “Aunque todos los hablo con acento español”, matiza..
Nos resume el proyecto: “Eran 6 km de línea excavados en doble túnel con dos tuneladoras LOVAT de 10 m de diámetro. Cada una de ellas tenía que hacer un poco más de 6 km, saliendo del mismo sitio, yendo en paralelo y pasando por debajo de una ciudad histórica”. Al tratarse de tuneladoras con escudo EPB el trabajo consistía en controlar las presiones de excavación, colocar anillos prefabricados e ir inyectando mortero de cemento en el trasdós de los anillos para ir rellenando el espacio excavado a medida que se avanzaba, y así evitar asentamientos en superficie en una zona densamente poblada y con edificios muy antiguos.
Los retos eran múltiples y también sus funciones: “Aparte de llevar la dirección de la obra y vigilar los costes, me encargué de todo en la gestión contractual, las reclamaciones al cliente, la gestión de los recursos humanos, en la contratación de personas, la gestión de la ingeniería, el monitoreo de asentamientos, control de subcontratistas, la declaración antimafia, la búsqueda arqueológica, la búsqueda de artefactos bélicos…, y todo de la mano de un socio italiano”.
Construimos una terminal de tren para cumplir la normativa medioambiental y evitar que los camiones levantasen polvo.
Tampoco perdían de vista el enfoque sostenible: “Por un tema ambiental, todo el material de excavación de las tuneladoras y la alimentación de las dovelas y demás consumibles tenían que salir y llegar por tren, así que tuvimos que construir una terminal de tren para que el material se descargara desde el túnel para volverlo a cargar en unos vagones ferroviarios que se inyectaban en la línea férrea Milano-Roma. Así se evitaba que los camiones levantasen polvo y micropartículas de la rodadura. Hubo que aplicar ciencia e ideas felices y al final todo salió bien”.
La sostenibilidad son muchas cosas, pero destaco el respeto por el medio ambiente y las culturas locales, intentar aprovechar los recursos naturales y dejar algo que perdure. La empresa no te da recetas concretas, te da instrumentos y te incentiva para hacerlo.
Aquí hace una reflexión más amplia: “Para mí la sostenibilidad son muchas cosas, pero destaco el respeto por el medio ambiente, por dejar una cosa que esté bien hecha para el futuro, intentar aprovechar los recursos naturales y respetar las culturas locales. La empresa no te da recetas concretas, sino que te da instrumentos y te incentiva para hacerlo”. Y da un ejemplo de su actual puesto: “En Brasil, con los descendientes de los esclavos negros (cultura afro-diaspórica) de São Paulo, que huyendo de la esclavitud formaron los llamados quilombos, hablamos con ellos para integrar su visión y sus preocupaciones en una de las estaciones del proyecto que se está construyendo en esa zona, y darle relevancia pública”.
En esos siete años Fernando tuvo la oportunidad de viajar por todo el país junto con su familia. “Es muy parecido a España en ciertos aspectos, latino, agradable y los sitios son maravillosos. Fuimos a todo tipo de lugares, desde Florencia, Roma, Milán, Torino a Venecia muchas veces… la costa amalfitana, le Cinque Terre, Sicilia, Nápoles, Verona, Padova, Ravenna…”.
Mis hijos tienen muy buenos recuerdos de nuestra época en Italia, hablan italiano a la perfección.
En ese tiempo sus hijos crecieron y se educaron allí. “Tienen muy buenos recuerdos de esa época”, comenta. Y cuenta con orgullo que los dos mayores hicieron el Erasmus en Florencia y en Roma tiempo después; en el caso de uno de ellos, el primer día una profesora indicó que las clases se impartirían en italiano y que si había algún Erasmus era preferible que se marchara porque no iba a entender nada. Cuando su hijo se acercó para indicar en perfecto italiano que le gustaría quedarse en la clase, la profesora respondió: “Solamente lo he dicho para los Erasmus, los italianos podéis quedaros”. La facilidad para los idiomas, parece, venía de familia.
Ya en 2007, regresando a España, Fernando fue nombrado jefe de zona en Europa-África, cargo que desempeñó en la sede de Madrid tras recibir diversas oportunidades para trabajar en distintas partes de España, siempre dentro de ACCIONA. “Yo opté por seguir en internacional. Así pude rematar lo que coleaba de Bolonia, y acometer lo que teníamos en Gabón, en Marruecos, en Portugal y luego desarrollando proyectos, como los de energía termosolar en Sudáfrica y Marruecos. En esa época, durante dos años tuve que hacerme cargo de la dirección de construcción de México, y después también como miembro del Management Board de Mostostal Warzawa durante cinco años, nuestra constructora polaca. Viajé más que el baúl de la Piquer".
¿Cuáles fueron los principales retos de esta nueva etapa? “Los cambios siempre los he asumido con mucha naturalidad, no soy de los que se quejan. Ya he hecho obras grandes, importantes y complicadas así que no necesito otra, voy donde me reclame la empresa y me necesite”.
El salto de un país a otro le reportó numerosas anécdotas. "En México trabajamos en una zona del norte con carteles y teníamos que llevar protección. También me pilló ahí la gripe A. Y en Egipto me pilló la revuelta de las plaza de Tahtit. En general viajé mucho, llevando varias obreas en paralelo en Europa y África, y buscando nuevas oportunidades".
Al comienzo de esta entrevista hablamos de la casualidad de que se cumplieran treinta y cinco años de su carrera, así que era inevitable llegar a este momento de recapitulación. ¿Cómo describiría la evolución de ACCIONA durante todo este tiempo? “Cuando entré en la empresa no la conocía, pero luego fui descubriendo el tipo de gente, los jefes de proyecto, que eran muy técnicos y eso me gustaba. Luego llegó la fusión con Cubiertas, que tenía una mayor implantación nacional, en pueblos y ciudades”, dice en referencia a esa primera fase de crecimiento que desembocaría en la multinacional que hoy conocemos.
En los Scouts se decía que debíamos dejar este mundo en mejores condiciones que como lo encontramos. Y eso es lo que significa para mí ACCIONA.
Sin embargo, Fernando se queda con otra cosa. “Pero luego, si estoy contento con los valores y la visión de la empresa es en algo común que va con mi formación en general, con mis vivencias en los Scouts, con mi formación personal y familiar y mi sensibilidad medioambiental. Hay un lema del fundador de los Scouts que es: ‘Dejarás este mundo en mejores condiciones que como lo encontraste’. Y eso es lo que significa para mí este proyecto”.
¿A qué se refiere exactamente? “Construir para que la gente utilice el metro como mejora de las condiciones de vida, para que vayan de un sitio a otro sin perder horas de vida que puedan dedicar a sus familias, a ocio o a descanso”. Y concluye: “Siempre he tenido especial cuidado en los proyectos. Si puedo evitar cortar un árbol, lo voy a evitar. Si puedo evitar sacar a una familia de un sitio a expropiar, lo voy a evitar. Y yo creo que la empresa ayuda en ese sentido; la apuesta por la sostenibilidad, la apuesta por las energías renovables, la apuesta por el impacto positivo en lo que rodea al proyecto. Eso va conmigo, va con mi carácter y me siento identificado con ello”.
Mis hijos están trabajando en ACCIONA, han vivido ese enfoque sostenible y han visto en su padre el aprecio por la empresa y lo que representa.
Termina con una reflexión personal: “Dos de mis hijos están trabajando en ACCIONA, han vivido eso y han visto en su padre el aprecio por la empresa y lo que representa. Y eso no significa que todo haya sido un camino de rosas, pero la experiencia general es positiva. Lo que me ha guiado en este tiempo es el esfuerzo, la paciencia y la honestidad. He tenido además la fortuna de que mi mujer siempre me ha acompañado en esta aventura, y así lo reconozco públicamente”.
Quién sabe si la Línea 6 será el último baile de Fernando, pero puede estar seguro de que sus hijos tomarán el relevo en esa misión de hacer un mundo mejor y, tal como él, intentarlo a través de la misma empresa donde él trabajó durante más de tres décadas.