DESTACADOS
- «El microaprendizaje tiene mucho que ver con aprender a ver el poder de una pequeña acción»
- «Estar alerta a la hora de adquirir nuevas habilidades nos permite ofrecer mayor flexibilidad, agilidad y capacidad de afrontar los cambios inherentes a cualquier trabajo»
Frente a TikTok, reels u otras plataformas en las que vídeos de unos segundos luchan de manera salvaje por captar nuestra atención, el aprendizaje profundo se ha convertido en algo revolucionario. En tiempos en los que continuamente se busca fomentar la productividad, parece que lo verdaderamente raro y valioso es poder detenernos a leer un solo libro durante meses, saboreando una lectura, ajenos a los parámetros de lo instantáneo. Pero, incluso aquí, el mundo de opuestos irresolubles en el que vivimos puede hacernos pensar que es imposible sacarle «el lado bueno» a los contenidos que nos presentan información y conocimiento de forma hiperreducida. Ahí es donde entran en juego, especialmente en el ámbito de la empresa, los sistemas de microaprendizaje.
¿Qué voy a leer en este artículo?
Los microaprendizajes o microlearnings se han convertido en una forma eficaz y fiable de adquirir nuevas habilidades y conocimientos en el frenesí de nuestra actividad diaria. Estos módulos educativos, diseñados como pequeñas cápsulas de conocimiento rápidas, prácticas y enfocadas en un objetivo sencillo, nos permiten asistir a una «clase rápida» donde se puede aplicar de forma instantánea lo aprendido, optimizando nuestro día a día. El microaprendizaje tiene mucho que ver con aprender a ver el poder de una pequeña acción. A lo largo del día, realizamos muchas microacciones que nos llevan 20 minutos o más: el trayecto desde casa hasta el trabajo, fregar los platos, hacer scroll antes de irnos a la cama. Aunque esos 20 minutos nos parezcan poco tiempo, lo cierto es que, multiplicados por el número de días que tiene el año, suman más de 100 horas. Ahora, pensemos en qué pasaría si empleáramos esos 20 minutos en una píldora de aprendizaje, ya sea orientada a nuestra vida laboral o a nuestro crecimiento personal: leer un relato o un poema, oír un podcast o aprender un nuevo proceso que podemos aplicar a nuestro día a día. Con un rato diario, podemos conseguir más de un centenar de horas de formación.
El microaprendizaje tiene mucho que ver con aprender a ver el poder de una pequeña acción.
En entornos universitarios y de trabajo cambiantes, donde la tecnología manda y los procesos se optimizan a cada paso, acostumbrarnos a aprender algo nuevo cada día de forma paulatina puede transformar nuestro rendimiento. Aunque la formación en profundidad sigue siendo fundamental para garantizar la profesionalidad de nuestro desempeño, estar alerta a la hora de adquirir nuevas habilidades nos permite ofrecer mayor flexibilidad, agilidad y capacidad de afrontar los cambios inherentes a cualquier trabajo, particularmente aquellos relacionados con la tecnología y la innovación.
Y es que el microaprendizaje también nos ayuda a mantener en forma nuestro cerebro. ¿Quién no se ha sentido «desentrenado» al empezar la formación de un nuevo puesto, acompañado de una sensación de que se le ha «olvidado» aprender? La neurociencia ha demostrado que el cerebro no es un órgano en necesaria decadencia, sino que se le puede entrenar y estirar dependiendo de nuestros hábitos. «Neuroplasticidad» es el término que explica cómo el cerebro puede alterar su funcionamiento dependiendo del uso que hagamos de él, particularmente dependiendo de si entrenamos o no la memoria y la capacidad de aprendizaje.
Estar alerta a la hora de adquirir nuevas habilidades nos permite ofrecer mayor flexibilidad, agilidad y capacidad de afrontar los cambios inherentes a cualquier trabajo.
En el libro Microlearning: short and sweet, el profesor de la Universidad de Bloomsburg, Karl M. Kapp, afirma que el microaprendizaje consiste en «tomando todo lo que uno debe aprender, ir aprendiendo poco a poco y con el tiempo construyendo conocimiento, reforzándolo y facilitando retener ese conocimiento». El microaprendizaje se caracteriza por ser rápido, visual y fácil, de manera que se pueda incorporar a nuestra rutina sin esfuerzo. Uno de los ejemplos más conocidos de microlearning son las aplicaciones de idiomas, donde lecciones de dos o tres minutos diarios nos permiten conocer una gran diversidad de lenguas. Aunque aprender un idioma de forma efectiva requiere algo más que pequeños puzzles online, lo cierto es que este tipo de aplicaciones funcionan como acicate e introducción a pequeñas nociones ocupando tan solo unos minutos de nuestro día.
Otros ejemplos muy populares entre los usuarios incluyen YouTube, Coursera o, también, redes sociales como Instagram o TikTok, donde existen cuentas que enseñan en vídeos breves desde atajos de Excel hasta conceptos básicos de finanzas convertidos en un karaoke al ritmo de salsa, pasando por la historia del arte, como demuestra la popular cuenta del Museo del Prado. La lectura también puede llegar en píldoras: por ejemplo, la iniciativa Poem-A-Day permite suscribirse a una newsletter poética que envía cada día un poema a tu bandeja de entrada, y la plataforma Substack se ha popularizado como alternativa a las redes sociales para leer textos breves escritos con profundidad. La falta de tiempo ya no es excusa para estimular nuestras capacidades. En días ajetreados en que no podemos sentarnos a leer con fruición una novela de Tolstói, es posible encontrar una pequeña ventana que nos proporcione, aunque de forma escueta, ese maravilloso placer que es aprender.
Licenciada en Filología Clásica por la Universidad de Oviedo, desarrolla una mirada reflexiva hacia los grandes retos sociales y empresariales en sus artículos. Actualmente es editora en la revista Ethic, donde escribe, entre otras cosas, sobre liderazgo, productividad o transformación social y laboral.