Incontables generaciones han crecido con el papel al alcance de la mano. Sin tener que reparar en su origen, composición o impacto. Por suerte se trata de un material relativamente fácil de reciclar mediante una energía limpia que, incluso, puede emanar de recursos también renovables. Sin embargo, la variedad cromática brindada por una industria que no ha dejado de sofisticar sus productos ha acabado gripando el proceso. Como punto de partida, aunque ahondaremos más adelante en ello, esto debe quedar claro: la cultura paperless no es reciclar (que también); la cultura paperless es, sobre todo, no usar papel. Sigamos.

Vayamos al origen, al árbol recién talado. La madera se procesa en paneles que acaban conformando una pasta aguada. El uso de cloro ayuda a su blanqueamiento para aportar la brillantez que presenta el típico paquete de folios que alguna vez hemos tenido por casa. El agua sobrante se drena permitiendo que las hebras de la pulpa se unan entre sí mediante un proceso de tamización extrema con rodillos que le confieren al papel esa delgadez tan característica.
La madera más demandada es el álamo, el corcho, el abedul y el cerezo. También el roble y arce. Tan demandada que el 50% de los bosques y selvas que había en el mundo han sido arrasados. En buena parte para fabricar papel.

 

Un ciclo de la vida demasiado costoso

Centrándonos en el uso del papel, los carboncillos, minas de grafito o arcilla han facilitado durante décadas su reciclaje. Incluso el impacto del uso de tintas monocromáticas que, con sus incontables variantes llevamos utilizando desde el año 400 A.C., fue relativamente bien absorbido. Pero llegaron las resinas de origen fósil y sintético que no se pueden calificar, ni mucho menos, como ecológicas. Y también los pigmentos, causantes del mayor índice de contaminación al estar compuestos de metales pesados tales como el cadmio, el plomo o el mercurio.

Por fortuna, instituciones como la European Ink Association (EUPIA) tomaron conciencia del desastre que se avecinaba y llegaron a prohibir expresamente su uso. Las limitaciones funcionaron. Y propiciaron la aparición en el mercado de alternativas vegetales de origen renovable y de tintas en base de agua cuyos Compuestos Orgánicos Volátiles (COVs) no llegan al 1%.

 

Cuando las tintas son un problema mayor que el papel

Pero aún quedaba otra ola del tsunami por impactar. A principios de los 2000, las impresoras dejaron de ser material especializado de oficina para pasar a ser uno de los dispositivos electrónicos de papelería más habitual en los hogares de todo el mundo.

Y con ello, la proliferación de los cartuchos de tinta que incluyen, además del plástico y las tintas, componentes electrónicos.

Solo en España, se utilizan 32 millones de unidades cada año. Un volumen suficiente como para tomar cartas en el asunto y dedicarles puntos limpios específicos para facilitar su reciclaje como ya ocurre, desde hace años, en algunos países de Europa como es el caso de Francia.

La evolución es positiva. En 2019, el último año antes de la pandemia, por seguir con el caso de este país, los españoles reciclaron 4.417.500 toneladas de papel y cartón. Según recoge la Asociación española de fabricantes de pasta, papel y cartón (Aspapel), estas cifras equivaldrían a 44 grandes estadios de fútbol llenos hasta arriba; y la tasa de recogida (es decir, el papel que se recoge para reciclar en porcentaje sobre el consumo total de papel) es del 64,3%.

El problema es que no todo el papel se puede reciclar. En este grupo nos encontramos con el papel de fax, el papel fotográfico, los autoadhesivos

Con todos estos datos, se consolida la máxima que hemos apuntado al inicio de este artículo: paperless es reducir papel, no reciclar papel.

infografía alternativas de papel en la oficina

Una oficina sin papeles: ventajas del mundo conectado

Como ya hemos ido avanzando, existe un atajo para minimizar el impacto tanto de la fabricación como del reciclaje: el paperless. La transformación digital, junto con el uso de las nuevas tecnologías, no solo mejora el rendimiento y la eficiencia en las empresas, sino que también brinda beneficios medioambientales que redundan tanto en uno mismo como en el planeta.

 

“El correo electrónico, la firma electrónica, las copias de seguridad y la digitalización de documentos permiten un ahorro de costes en documentos en papel, además de reducir el impacto medioambiental de las acciones de una empresa.”

 

Además, si demostramos que la estrategia del paperless es consistente en lo legal y jurídico, y lo amplificamos, el “efecto llamada” hacia nuestros socios y/o proveedores multiplicará exponencialmente el resultado.

Extendiendo tu compromiso a tu cadena de valor. Ese es el camino por el que cada día crece el número de marcas concienciadas con la necesidad de transformar la cultura del uso del papel mediante directrices respetuosas con el ser humano y con su propio entorno. Y no lo olvides: una oficina sin papeles (oficina paperless) trae ventajas para el profesional, para la empresa y para la sociedad, local y global.

Fuentes: Kartox, Acciona, Aspapel