¿La vocación profesional se descubre o se construye?

Diversos estudios exploran la intersección entre pasión y reconocimiento a la hora de desarrollar una carrera vocacional que suele arrancar con la práctica cotidiana.

“Uno no es de donde nace, sino de donde pace” es uno de los numerosos ejemplos de la forma en que el refranero popular aborda el clásico debate nature/nurture, es decir la contraposición de naturaleza y crianza. La vocación profesional también está encuadrada en esa dicotomía. ¿Nacemos con ella o la cultivamos? Empecemos por la etimología y algunas definiciones.

 

La vocación, o calling en inglés, es la creencia de que uno está destinado a dedicarse a un determinado campo de trabajo para poner al servicio de los demás sus talentos, pasiones y capacidades únicas. La propia palabra calling tiene un origen religioso: la idea de ser llamado por Dios a una misión o responsabilidad concreta. Con el paso del tiempo, el concepto se ha secularizado y hoy se entiende la vocación como aquel trabajo que conecta profundamente con la identidad personal, la realización interior y el sentido de propósito

La vocación no parece depender únicamente de lo que ocurre dentro de nosotros, sino también de lo que sucede a nuestro alrededor.

Sin embargo, la vocación no parece depender únicamente de lo que ocurre dentro de nosotros, sino también de lo que sucede a nuestro alrededor. 

 

Cuando pensamos en la vocación, solemos imaginar un proceso profundamente individual. Una especie de llamada interior que algunas personas escuchan y otras no. Sin embargo, ¿es realmente así? ¿Puede surgir una vocación en cualquier contexto? ¿Puede uno convertirse en un gran compositor sin haber crecido rodeado de música? ¿Habrían existido los impresionistas sin el círculo de artistas que compartían ideas, críticas y reconocimiento mutuo?

 

¿Qué voy a leer en este artículo?

La investigación sobre la vocación ha estudiado la influencia de acontecimientos vitales, experiencias significativas o procesos de reflexión personal. Sin embargo, ha prestado mucha menos atención al papel del contexto. Y quizás el contexto importe más de lo que pensamos. La vocación puede empezar en el interior de una persona, pero necesita encontrar un entorno que la haga crecer.

 

Un reciente estudio publicado en Journal of Vocational Behavior quiso comprender precisamente cómo emerge la vocación en profesiones creativas, donde los itinerarios profesionales son inciertos, la competencia es elevada y la estabilidad laboral escasa. Para ello, los investigadores entrevistaron a 27 dibujantes profesionales de manga en Japón, una profesión marcada por la creatividad, la precariedad y la ausencia de trayectorias profesionales claramente definidas.

Los resultados muestran que la vocación no aparece de golpe; más bien parece una lenta metamorfosis tal y como presentan sus autores en su modelo.

Lo interesante es que los investigadores no preguntaron directamente por el peso de la vocación a la hora de elegir una carrera. Les preguntaron por su historia: cuándo empezaron a dibujar, qué soñaban ser de niños, quién les apoyó, cómo evolucionó su carrera o qué significado tiene hoy su trabajo. A partir de estas historias reconstruyeron el proceso mediante el cual la vocación acaba emergiendo.

 

Los resultados muestran que la vocación no aparece de golpe; más bien parece una lenta metamorfosis tal y como presentan sus autores en su modelo. Normalmente todo parece iniciarse con una tensión. Por un lado, existe un sueño: dedicarse a aquello que apasiona. 

Por otro, aparece un contexto que lo cuestiona. Los jóvenes dibujantes entrevistados crecieron escuchando que era muy difícil vivir del manga, que la competencia era enorme y que se trataba de una profesión inestable. Muchos soñaban con ser dibujantes, pero al mismo tiempo dudaban profundamente de sus capacidades.

 

Lo que les permitió perseverar fue lo que los autores denominan una pasión existencial. No se trataba simplemente de disfrutar dibujando. Dibujar formaba parte de quiénes eran. Muchos recuerdan haber pasado horas creando historias desde la infancia o refugiarse en el dibujo durante momentos difíciles. La actividad les proporcionaba sentido, disfrute y una sensación de identidad.

Pero la pasión, por sí sola, no era suficiente. La aportación más interesante del estudio es mostrar que la vocación necesita validación. Los autores identifican tres círculos concéntricos de reconocimiento.

  • El primero es el círculo social próximo: amigos, compañeros o familiares que reconocen el talento emergente y animan a seguir adelante.
  • El segundo es el reconocimiento profesional: concursos, editores, clientes, profesores o expertos que validan el trabajo realizado.
  • El tercero es una validación continua que llega con el tiempo a través de lectores, usuarios, clientes o beneficiarios que encuentran valor en aquello que uno hace.
  • La vocación emerge precisamente en la intersección entre pasión y reconocimiento. La pasión impulsa a actuar, mostrar el trabajo y perseverar. El reconocimiento refuerza la confianza necesaria para continuar avanzando. Ambas se alimentan mutuamente. Quizás por eso la idea popular de que la vocación simplemente se encuentra resulta incompleta. La vocación también se construye. Se construye actuando, probando, equivocándose y recibiendo retroalimentación de los demás.

Detectar, alentar, cultivar y valorar una vocación es clave para el desarrollo de una persona y el crecimiento de una empresa. Estas son algunas de las implicaciones fundamentales del aparato teórico que hemos planteado en este artículo.

  • La mejor forma de descubrir una vocación suele ser empezar a practicarla. Muchas personas esperan encontrar una certeza absoluta antes de dar un paso. Sin embargo, los resultados sugieren que la vocación emerge a través de la acción. No siempre sabemos aquello para lo que estamos llamados hasta que empezamos a hacerlo.
  • La pasión necesita exponerse al juicio de los demás para madurar. Mostrar nuestro trabajo genera vulnerabilidad, pero también permite recibir el reconocimiento y la retroalimentación necesarios para crecer. Muchas vocaciones permanecen ocultas porque nunca salen del ámbito privado.
  • Las dudas no son incompatibles con la vocación. Los dibujantes entrevistados compartían una misma paradoja: amaban profundamente lo que hacían y, al mismo tiempo, dudaban de sus capacidades. La inseguridad no siempre indica falta de vocación; a menudo forma parte del proceso.
  • Conviene prestar atención a quién valida nuestro trabajo. Las personas que reconocen nuestro talento y  nos ofrecen oportunidades, o que nos animan a seguir adelante, pueden desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de nuestra trayectoria profesional
  • Las organizaciones no crean vocaciones, pero pueden ayudar a desarrollarlas o impedir que florezcan. Los contextos laborales influyen directamente en la capacidad de las personas para identificar, desarrollar y desplegar sus talentos.
  • El reconocimiento temprano tiene un valor extraordinario. Una conversación, una oportunidad o una muestra sincera de confianza pueden marcar la diferencia en momentos donde el profesional todavía no ve con claridad sus propias capacidades.
  • Los supervisores son actores clave en la construcción de vocaciones. Muchos empleados descubren fortalezas que desconocían gracias a managers capaces de identificar potencial, ofrecer retos adecuados y acompañar el desarrollo profesional.
  • La vocación necesita entornos psicológicamente seguros. Cuando las personas pueden experimentar, equivocarse y aprender sin miedo excesivo al error, resulta más fácil explorar intereses y desarrollar nuevas capacidades.
  • Las culturas que combinan exigencia y reconocimiento son especialmente fértiles para el desarrollo del talento. La exigencia impulsa la mejora. El reconocimiento proporciona la confianza necesaria para perseverar. La combinación de ambas permite que las personas transformen una inclinación inicial en una auténtica vocación profesional.

Estos resultados complementan una idea que ya habíamos explorado anteriormente: la vocación raramente se descubre de una vez y para siempre, sino que suele construirse a través de la experiencia. El estudio añade ahora un matiz fundamental. La experiencia puede ayudarnos a identificar aquello que nos apasiona y da sentido a nuestro trabajo como herramienta de orientación vocacional, pero es el reconocimiento de los demás y la calidad de los contextos que habitamos lo que permite que esa vocación se consolide y perdure en el tiempo.

 

Fuentes:

 

  • Fontana, E., Lysova, E. I., Sato, K., & Araki, J. (2025). Emergence of calling in the domain of creative work, and the role of context: The stories of manga artists. Journal of Vocational Behavior, 104181.
  • Sturges, J., Clinton, M., Conway, N., & Budjanovcanin, A. (2019). I know where I'm going: Sensemaking and the emergence of calling. Journal of Vocational Behavior, 114, 57-68.
  • Schabram, K., & Maitlis, S. (2017). Negotiating the challenges of a calling: Emotion and enacted sensemaking in animal shelter work. Academy of Management Journal, 60(2), 584-609.

 

El Dr. Marc Grau-Grau es profesor de políticas sociales y familiares en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UIC Barcelona, y coordinador de la Cátedra Joaquim Molins Figueras Childcare and Family Policies. Ha sido research fellow en la Harvard Kennedy School (2016-2022). Es licenciado en Administración de Empresas por ESADE Business School, máster en Ciencias Políticas y Sociales por la Universitat Pompeu Fabra, y doctor en Políticas Sociales por la Universidad de Edimburgo. Entre sus libros editados destacan The Work-Family Balance in Light of Globalization and Technology (Cambridge Scholars Publishing, 2017), The New Ideal Worker (Springer, 2019), Engaged Fatherhood (Springer, 2022) y Human Flourishing (Springer, 2023). Actualmente, es co-editor de la revista Community, Work and Family.