En el centro de nuestra ciudad hay un viejo edificio de ladrillo. En su fachada, una ventana rota ha permanecido sin reparar durante meses. A medida que los días se convierten en semanas y las semanas en meses, a esa ventana rota le han seguido el resto y ya no queda ningún cristal que no esté agrietado, agujereado o destrozado.

Haber permitido que alguien rompiese esa primera ventana y no haberla reparado rápidamente ha supuesto el principio de un efecto contagio. Y es que un pequeño gesto como ese puede convertirse en un símbolo silencioso de desorden y negligencia y dar luz verde a que los comportamientos incívicos se reproduzcan en nuestra sociedad o cultura organizacional. De eso trata precisamente el síndrome de la ventana rota.

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

¿En qué consiste la teoría de la ventana rota?

La teoría de la ventana rota, formulada por los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling en la década de 1980, explica que los signos visibles de desinterés y deterioro pueden incitar a comportamientos delictivos. Si una ventana rota se deja sin reparar, sugiere la teoría, pronto todas las ventanas estarán rotas.

Pero ¿qué tiene que ver una ventana rota con el comportamiento humano? ¿No es acaso sólo un pedazo de vidrio? Aquí radica el interés de la metáfora. Una ventana rota no es sólo una ventana rota. Es un signo visible de abandono, un mensaje tácito que dice: «Aquí no importa el orden. Aquí no importa el cuidado». Y ese mensaje, según Wilson y Kelling, puede tener un efecto contagioso.

Este fenómeno se extiende a las conductas inmorales o incívicas. Un pequeño acto de desconsideración como tirar basura en la calle o dibujar grafitis en una pared, puede parecer insignificante por sí solo.

hombre con sudadera verde robando

Pero si se deja sin control, puede enviar un mensaje poderoso: «Aquí, lo incívico, es tolerado». Y ese mensaje puede inspirar a otros a seguir el ejemplo, propagando lo inmoral y el desorden, como un virus.

 

Descuido urbano y teoría de las ventanas rotas

Antes del desarrollo e implementación de diversas teorías criminalísticas, la principal preocupación de la policía era evitar los delitos que se percibían como los más graves y con mayores consecuencias para la víctima, como la violación, el robo y el asesinato. Los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling adoptaron una opinión diferente. Vieron los delitos graves como el resultado final de una cadena más larga de acontecimientos, y teorizaron que los delitos emanaban del desorden y que, si se eliminaba el desorden inicial, entonces se reducirían los delitos graves.

En un experimento, el psicólogo Philip Zimbardo dejó dos automóviles sin vigilancia en dos barrios muy diferentes: uno rico y uno pobre. En el barrio pobre, el coche fue desvalijado rápidamente, mientras que en el barrio rico, el coche permaneció intacto hasta que Zimbardo mismo rompió una ventana. Luego, el coche también fue desvalijado.

La conclusión fue que la causa no reside en la pobreza, sino en que el cristal roto en un coche abandonado transmite una idea de deterioro, desinterés y despreocupación que va a crear un sentimiento de ausencia de ley, de normas y de reglas y de libertad de comportamiento.

 

Una metáfora aplicable a cualquier ámbito

En el contexto corporativo, una «ventana rota» puede ser cualquier forma de comportamiento inapropiado que no se aborde adecuadamente.  Si estas acciones no son confrontadas desde un inicio y gestionadas adecuadamente, pueden crear un ambiente donde se normalizan y se fomentan conductas aún más dañinas.

 

“Una ventana rota puede ser cualquier forma de comportamiento inapropiado que no se aborde adecuadamente”.

 

Si en las organizaciones se permiten actitudes contrarias a sus estándares éticos, puede generar que los trabajadores las normalicen en el desarrollo de sus actividades profesionales. Una cultura corporativa que no valora la integridad puede ser como un edificio lleno de ventanas rotas.

Una ventana rota no es sólo eso. Es un recordatorio de nuestra responsabilidad compartida para mantener nuestras comunidades limpias, seguras y respetuosas, un recordatorio de que cada uno de nosotros tiene un papel que jugar en la prevención del contagio de la dejadez y la falta de ética.

 

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