Memoria y aprendizaje son dos caras de la misma moneda. Nuestra habilidad para recordar los episodios vividos nos equipa con el conocimiento necesario para tomar decisiones que nos lleven hacia un futuro más prometedor. La idea de perder nuestra memoria nos aterra, ya que se siente como si perdiéramos un pedazo de quiénes somos.

Pero, ¿sabías que no solo los individuos, sino que los grupos sociales también pueden tener ‘memoria‘? Cuando un grupo social puede recordar su pasado, se le considera una comunidad mnemotécnica. Hoy abordaremos por qué es importante esta memoria colectiva y analizaremos si tiene  cabida en la cultura organizacional.

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

Explorando la memoria organizacional colectiva: el rol de las comunidades mnemotécnicas

Una comunidad mnemotécnica puede ser nuestra propia familia, en la que se transmite la historia familiar, se reviven valores y prácticas heredadas de nuestros antepasados. Asimismo, un país también puede ser considerado una comunidad mnemotécnica al estudiar su pasado, recordar sus personajes históricos o mantener los valores culturales a través de distintas tradiciones.

Las empresas y las organizaciones también pueden ser comunidades mnemotécnicas, y es muy positivo que así sea. La memoria colectiva es importante porque fomenta la “coherencia cultural” entre los empleados, orientación e identidad, mejora la toma de decisiones, y, en definitiva, aporta una mayor estabilidad.

 

“Disponer de una memoria colectiva fomenta la “coherencia cultural” entre los empleados”.

 

No obstante, si las empresas, al igual que las familias y los países, carecen de cerebro y, por lo tanto, de hipocampo ¿cómo se conversa su memoria?

Esa es la pregunta a la que intenta responder el campo de estudio de memoria organizacional (Organizational memory studies), que explora precisamente cómo las organizaciones, sus gerentes y empleados gestionan la memoria colectiva, así como su relación con otras comunidades mnemotécnicas.

Se parte de la premisa de que el pasado puede ser un elemento constitutivo del ethos de las organizaciones, entendiendo ethos como su conjunto de valores, creencias y normas compartidas. En definitiva, de su cultura, identidad, y ética.

Comprender cómo se construye, reconstruye, deconstruye o destruye la memoria de las organizaciones es la base de este nuevo campo de estudio, y puede ser fundamental para las organizaciones que quieran fomentar y ejercitar su memoria colectiva.

Activando la memoria colectiva en las organizaciones: un enfoque práctico

La memoria colectiva fue definida por Irwin-Zarecka como la articulación y mantenimiento social de la “realidad del pasado”. No obstante, ¿por qué es importante la memoria colectiva en las organizaciones y cómo puede articularse?

 

“La memoria colectiva fue definida por Irwin-Zarecka como la articulación y mantenimiento social de la “realidad del pasado”.

 

En un estudio reciente donde se revisan decenas de estudios relativos al campo de la memoria organizacional, se presentan distintas maneras en las que activar la memoria colectiva en una organización. En este artículo, queremos destacar cuatro:

* Transmitir: para las organizaciones que pretendan cultivar una memoria colectiva, resulta fundamental transmitir el pasado de la organización de una manera evocadora. Es el storytelling de la compañía cronológico y con sentido.

Una transmisión que cualquier persona de la organización pueda entender y trasmitir por su parte. Es, en cierta manera, una memoria encarnada.

* Preservar: como complemento a la transmisión, un segundo paso implica todas aquellas iniciativas y prácticas que facilitan la “vitalidad” del pasado. Esto se puede lograr a través del acceso a una amplia variedad de materiales textuales y visuales que conecten con la historia de la organización, como los primeros contratos o productos realizados por la organización.

Algunas empresas incluso han establecido museos que albergan estos materiales, sirviendo como espacios de “preservación” que faciliten una memoria colectiva sólida.

* Conmemorar: un tercer paso para fomentar la memoria colectiva en la organización es la celebración del pasado. Es decir, fomentar prácticas de memorialización, ya sea de hitos significativos de la propia organización (como los 100 años de la creación) o de logros individuales de empleados (por ejemplo, 25 años de trabajo).

La conmemoración tiene una función simbólica y a la vez, es un gesto de agradecimiento hacia aquellos que han contribuido al éxito de la organización.

* Sistematizar: un cuarto paso para fomentar la memoria colectiva es construir el pasado de forma sistemática. Esto se puede lograr mediante la creación de una memoria anual y la meticulosa conservación de todos los documentos y recortes de prensa relevantes. Estas prácticas permiten, con el paso del tiempo, recuperar de manera integral la historia de la organización.

Estos cuatro pasos, respaldados por diversas iniciativas en cada uno de ellos, pueden facilitar el fortalecimiento de la memoria colectiva en las organizaciones. A la vez, los autores del estudio nos alertan que, tal y como sucede en las personas, el olvido es la norma y lo inevitable.

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No todo quedará ni se recordará. No obstante, es importante evitar un olvido estratégico de algunas partes de la historia ya que también es pasado y contiene lecciones valiosas.

En definitiva, igual que las personas valoramos nuestra memoria, y llevamos a cabo algunas iniciativas o ejercicios para ejercitarla, las organizaciones y empresas deberían no olvidar la importancia de su propia memoria colectiva que puede ser garante de coherencia, estabilidad y crecimiento, contribuyendo a una identidad sólida a lo largo del tiempo.

 

Referencias