Max H. Bazerman, profesor en la Escuela de Negocios de Harvard, habla de algunos de ellos en su libro, Complicit: How We Enable the Unethical and How to Stop. Un trabajo sobre la inquietante tendencia humana generalizada al inmovilismo antes casos reprobables.

¿Qué voy a leer en este artículo?

 

¿Qué es la ética en el trabajo?

La ética es una rama de la filosofía que examina y reflexiona sobre los principios morales que rigen el comportamiento humano en la sociedad. Este campo del conocimiento se ocupa de discernir lo que es correcto e incorrecto, justo e injusto, y de establecer criterios para evaluar nuestras acciones y decisiones.

Como disciplina intelectual, la ética busca proporcionar una base sólida y coherente para la toma de decisiones morales, fundamentada en normas universales que trascienden las diferencias culturales y temporales, permitiendo así el florecimiento de una convivencia armónica y respetuosa entre las personas.

En este sentido, la ética en el trabajo es el conjunto de principios y valores que nos guían en nuestras interacciones y decisiones laborales.

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La honestidad, el respeto y la responsabilidad son solo algunos de los valores fundamentales que la conforman. Al adherirnos a estos principios, contribuimos a crear un ambiente de trabajo positivo y a construir una reputación sólida y respetable tanto para nosotros, como para nuestra organización.

 

“La ética en el trabajo es el conjunto de principios y valores que nos guían en nuestras interacciones y decisiones laborales”.

 

El silencio como cómplice de la falta de ética en el trabajo

Cuando hablamos de ética laboral, es posible que nos vengan casos muy concretos a la mente en los que una persona obró mal, engañó o incluso cometió algún delito con conciencia de lo que estaba haciendo. Pero la falta de ética en el trabajo no solo corresponde a quienes hacen la acción, sino que también es un concepto que atañe a los cómplices, conocedores, e incluso a las personas que puedan tener indicios de la falta de ética de alguna acción.

Todos somos cómplices, a menudo inconscientemente, dice Bazerman. El autor pone como ejemplo que nuestra “complicidad ordinaria” podría ser continuar trabajando para una empresa que creemos que está destruyendo el medio ambiente. El problema es que, si elegimos pasar por alto el mal comportamiento, perdemos la oportunidad de hacer del mundo un lugar mejor.

Más allá de los testigos que guardan silencio o deciden pasar por alto las faltas de ética laboral, Bazerman describe dos grupos de cómplices explícitos. Los “verdaderos socios” que son aquellos que tienen objetivos alineados con los valores poco éticos de quien obra mal a conciencia. Es decir, comparten intereses con los responsables de la acción.

Los “colaboradores”, por otro lado, aceptan esa falta de moral porque tienen algo que ganar, aunque no compartan para nada la visión de quien comete la acción. Son conscientes de que la situación es inmoral y ellos mismos nunca llevarían a cabo algo así, pero tampoco informan de lo que ocurre porque prefieren que las cosas sigan tal y como están.

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Evitando la complicidad en la falta de ética en el trabajo

No siempre es fácil estar en el lado bueno de la historia. Sin duda, a veces es más cómodo no tomar partido ni pronunciarse, mirar hacia otro lado. Pero Bazerman comparte algunos consejos que nos pueden ayudar a evitar ser cómplices en situaciones donde la falta de ética en el trabajo es flagrante.

* Fomentar una comunicación abierta y sin riesgos: en la que nadie sufra represalias por comunicar posibles malas prácticas dentro de la organización.

* Analizar la cultura organizacional: según el autor, rara vez el mal comportamiento proviene de una sola fuente, sino de cómo está organizado el sistema. ¿Qué comportamientos fomenta la empresa? ¿Responden estas decisiones a los valores de la cultura organizacional? ¿Se ha convertido en conducta habitual con el paso del tiempo?

* Ampliar el círculo de decisores: cuantas más personas estén involucradas en la toma de una decisión, las acciones tienden a ser más éticas. En este sentido, el autor también recomienda aumentar la diversidad para sumar más voces y perspectivas.

En conclusión, la ética laboral es un pilar fundamental en el desarrollo sostenible y exitoso de cualquier organización. Fomentar un ambiente de trabajo basado en el respeto, la integridad y la responsabilidad no solo contribuye al bienestar de los empleados, sino que también refuerza la reputación, imagen, confianza, atractivo y competitividad de la organización en el mercado global.

En última instancia, forjar una cultura organizacional ética es una inversión a largo plazo que redundará en beneficios tanto tangibles como intangibles, y cuyo impacto trascenderá las fronteras de la empresa, influyendo positivamente en la sociedad en su conjunto.

Es importante recordar que nos estamos protegiendo a nosotros mismos, a todos los que formamos parte del Grupo y a la reputación de la Compañía.

Fuentes: