La importancia del mentoring empresarial (y de quién lo lleva a cabo)

El origen de la figura del mentor se remonta a La Odisea, una obra que nos enseña que detrás de los retos superados, las decisiones importantes o las nuevas habilidades de liderazgo adquiridas, suele haber alguien que nos inspiró y nos acompañó en el camino.

Todas las personas pueden recordar a alguien cuya experiencia y ejemplo transformó su forma de trabajar. Tal vez fue un compañero con más bagaje que compartió generosamente sus conocimientos, un superior que les acompañó a asumir nuevos retos o alguien que inspiró una nueva manera de hacer las cosas.

 

Crecemos, tanto en lo personal como en lo profesional, gracias a quienes comparten con nosotros su experiencia y los aprendizajes acumulados a lo largo de su trayectoria. Personas que amplían nuestra forma de pensar y, con el tiempo, se convierten en referentes. Este intercambio de experiencias nos permite evitar errores, ganar perspectiva y abordar desafíos con mayor seguridad.

 

El aprendizaje que surge al observar, escuchar y compartir experiencias es, precisamente, la esencia del mentoring: una relación que permite transmitir conocimientos y acompañar en el desarrollo a otras personas, generando un impacto que va más allá de la formación formal.

 

¿Qué voy a leer en este articulo?

Méntor no representa la figura de un profesor que instruye, sino la de un guía. No sustituye el rol de Ulises como padre, sino que se convierte en tutor de Telémaco y lo acompaña en su desarrollo. A través del ejemplo, el diálogo y la reflexión, inspira a Telémaco y lo ayuda a desarrollar la madurez para asumir nuevas responsabilidades y fortalecer la autonomía y el espíritu crítico.

 

Ese es, precisamente, el valor del papel de Méntor. Más que transmitir conocimientos, pone a disposición de Telémaco la experiencia de haber vivido situaciones similares. Lo ayuda a pensar mejor, a prepararse para afrontar los desafíos que encontrará en su propio camino y a desplegar su potencial.

 

Con el paso del tiempo, el nombre “mentor” se ha utilizado para designar a la persona que comparte su experiencia, guía a otro y contribuye a su crecimiento. Mucho antes de convertirse en una práctica impulsada por las organizaciones, ya existía una forma de aprendizaje basada en la transmisión de experiencias. Hoy conocemos ese enfoque como mentoring. 

No todo lo que necesitamos para desarrollarnos se aprende en un aula o en un manual. Hay conocimientos que se adquieren a través de la experiencia: mantener una conversación difícil, gestionar la incertidumbre o afrontar un error. Y, afortunadamente, no siempre es necesario vivir cada situación en primera persona para que sea transformadora. Aquí radica el valor de la mentoría.

 

Las personas aprendemos viendo cómo actúan quienes nos rodean, interpretando sus decisiones y extrayendo lecciones de errores y aciertos. El psicólogo Albert Bandura explicó este fenómeno con el concepto de aprendizaje vicario u observacional. Adoptar estrategias de comunicación de un líder, resolver conflictos de manera pacífica o entender cómo un compañero prioriza cuando todo parece urgente, son ejemplos de aprendizajes silenciosos que se producen diariamente en las organizaciones. 

Un mentor no solo transmite conocimiento; pone su experiencia al servicio de otra persona para ayudarle a recorrer un camino que él o ella ya ha transitado.

Un mentor no solo transmite conocimiento; pone su experiencia al servicio de otra persona para ayudarle a recorrer un camino que él o ella ya ha transitado. A veces lo hace mediante una conversación; otras, simplemente con su ejemplo. En ambos casos, convierte la experiencia individual en un aprendizaje colectivo.

 

Es, precisamente, en estas situaciones, donde circula uno de los activos más valiosos de organizaciones y profesiones: el conocimiento tácito. Dinámicas informales, particularidades del mercado, maneras de asumir imprevistos o estilos de trabajar que se adquiere con los años, afloran en conversaciones y son difícil de transmitir en procedimientos y manuales.

Hoy día la relación entre mentor y mente (la persona guiada por el mentor) adopta muchas formas: formal, informal, grupal, entre pares o incluso inverso. Conscientes de los beneficios del mentoring, muchas organizaciones impulsan programas estructurados de mentoría. Independiente de la forma, el objetivo es el mismo: aprovechar el conocimiento de personas con más experiencia en un área para impulsar el desarrollo profesional de otras personas.

 

Alguno de los mentores que han marcado trayectorias profesionales, no han participado en programas de mentoring ni se definieron a sí mismo como tales. Simplemente compartieron, generosamente, lo que sabían con quién lo necesitaba.

 

Hay compañeros que no reservan una hora en la agenda para hacer diversos tipos de mentoring. Lo hacen en su día a día, mientras trabajan, con un café o al entrar en una reunión. Son gestos cotidianos que rara vez aparecen en un plan de desarrollo, pero que dejan una huella duradera. Pequeñas prácticas que nos inspiran a mejorar el desempeño y crecer.

 

Si vuelves a pensar en quién te enseñó lo que sabes hoy, probablemente aparezcan personas que nunca ocuparon el rol de mentor. No obstante, fueron quienes te enseñaron a desenvolverte, a tomar tus primeras decisiones, a descubrir y confiar en tus capacidades o participaron en tu proceso de onboarding.

De manera general, en nuestro imaginario, el mentor es una persona con una larga trayectoria, a quien solemos asociar con una mayor edad que la de quien recibe su orientación. Pero no siempre es así. En entornos en constante transformación, la experiencia no depende únicamente de los años. Hoy, el conocimiento se renueva a una velocidad sin precedentes. En algunos casos, quien lleva menos tiempo en una organización o en una profesión puede estar más familiarizado con las herramientas informáticas, metodologías ágiles o tendencias emergentes como el Big Data o la Inteligencia Artificial. 

Quizá esa sea la mayor enseñanza del mentoring: nadie ocupa siempre el mismo lugar.

De esta realidad surge el mentoring inverso, una modalidad que cuestiona la idea tradicional de que el conocimiento solo fluye en una dirección. En ella, los profesionales junior comparten sus conocimientos y perspectivas con profesionales senior. El resultado es un aprendizaje que circula en ambos sentidos.

 

Quizá esa sea la mayor enseñanza del mentoring: nadie ocupa siempre el mismo lugar. A lo largo de nuestra trayectoria profesional todos alternamos el papel de aprendiz y de referente. Por eso, después de preguntarnos "¿quién me enseñó lo que sé hoy?", merece la pena plantearse "¿de quién soy mentor yo?".  El verdadero influencer profesional es quién deja una huella positiva en los demás. 

Graduado en Pedagogía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), cuenta con más de cinco años de experiencia potenciando carreras profesionales y conectando talento con empresas. Actualmente, lidera el Departamento de Desarrollo Profesional (Orientación, Formación & Empleo) en el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid.